×
Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
ver +
Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

" Comentar Imprimir
31 Agosto 2009 02:59:59
‘...vivos los queremos’
El Estado mexicano incurre en genocidio flagrante

I
El viernes anterior un grupo de madres de víctima de desapariciones forzadas y presos por motivos políticos realizó un plantón frente a la Catedral Metropolitana de México, la sede del arzobispado primado y de cardenalato mexicano.

Y unos días antes, el titular panista del poder político del Estado mexicano resolvió, sin oposición de las vertientes legislativas priístas y perredistas de dicho poder político, eliminar el agente mayor -la educación pública- de conciencia histórica.

Ambos hechos están vinculados a la luz de las leyes del desarrollo de los pueblos a la luz de las disciplinas científicas del materialismo histórico y el materialismo dialéctico. Esa ligazón dialéctica es insoslayable, aunque no siempre identificada por muchos.

Esa omisión al identificar y eventualmente y comprender esas manifestaciones de una realidad que se traslapa en el “continuum” histórico y cuyos componentes y vectores se entreveran. Tiene causales objetivamente discernidas.

Más, sin abundar en esas causales, señálese que una de éstas es precisamente la del uso de los medios de control social –como fontana filosófica y andamiaje ideológico y político o instrumental- de la educación pública combinado con el garrote.

Por garrote entiéndase la suma de potestades muchas veces metaconstitucionales de la coerción y la coacción del Estado, usadas por el poder político de aquél con fines inmorales y sin ética política y, ergo, criminalmente: Es decir, antisocialmente.

Esos móviles inmorales y sin ética se muestran impunemente en la desaparición forzada de disidentes, discrepantes u oposicionistas. Esa desaparición permite la tortura y el encarcelamiento ilegal y, predeciblemente, el asesinato impune.

II

Otras manifestaciones de esa forma de censura extrema –terminal, fatal—es el asesinato en la vía pública de individuos que, como Armando Cavaría y otros, aun actuando bajo las reglas del poder político del Estado son destruidos sumariamente.

Pero no es sólo la destrucción deliberada, complotada, por comisión, alevosía y ventaja de vidas humanas en lo individual con fines de poder, sino también la destrucción colectiva. El Estado mexicano incurre en genocidio flagrante. Impune.

Caso en punto son los 60 y pico pueblos originarios de México; es decir, los indios. Existe desde hace sexenios políticas de Estado de destrucción recursiva y metódica de esos pueblos mexicanos. ¿Motivos? El mismo de los conquistadores españoles: despojo.

Despojo, sí, mediante la modalidad del saqueo y destrucción física de los habitantes de territorios codiciados por los personeros del poder político del Estado mexicano como subrogados por los intereses de la cultura de voraz acumulación de bienes ajenos.

Para despojar a los pueblos originarios de México de las riquezas en su habitat histórico –ancestral, milenario— ocurren las matanzas como la de Acteal, considerada objetivamente un crimen de Estado, maquinado por personeros de su poder político.

A ese proceso genocida concurre, sin duda, un cúmulo de causales y agentes para inducir perversamente conductas colectivas: el poder político del Estado usa a los propios indios para perpetrar matanzas de otros indios. Véase lo de Acteal.

Y manipula, también con aviesa vileza, al pueblo mestizo mexicano induciéndolo a incurrir en actitudes hirientes, flagrantes, de racismo, contra el vector indio de nuestro mestizaje. Pora ello el poder político borran la historia del origen del mestizaje.

III

Prosigamos. El grupo de madres fue fundado hace 31 años –sus hijos, si estuvieren con ellas, frisarían el medio siglo de edad- ante evidencias de una “guerra sucia” que, iniciada en los 60, aún no concluye. Lo opuesto, diríase: esa guerra se ha intensificado.

Al mantener viva la esperanza de que esos hijos sean devueltos por el Estado (“vivos se los llevaron, vivos los queremos”, es la exigencia), las madres traen a un primer plano de la memoria y la conciencia sucedidos de antaño que continúan ocurriendo.

Ello ofrece –aporta- evidencias dramáticas: la ausencia misma de jóvenes cuyo promedio de edad era de 20 años en 1970, animados por propósito noble, el de reformar al Estado mexicano para hacerlo, ya desde entonces, justo, igualitario, solidario.

Dígase de otro jaez que esos jóvenes buscaban eliminar lo que de antisocial tiene el Estado mexicano neoliberal y establecer en su poder político la vocación filosófica, ideológica y política social. En otras palabras: fundar un nuevo Estado, uno social.

Pero ese proceso de fundar un nuevo Estado implica hacer a un lado o sustituir, si no es que marginar, a los personeros del actual poder político, cuya cosmovisión y cultura –la de la corrupción y abuso de potestades— es criminal.

El poder político se ejerce así con actos criminales según la tipología de la moral y la ética política, aunque dispuestas esas acciones antisociales bajo una aberrante lógica jurídico-judicial de sofistería leguleya y simulación. Como el fallo de Acteal.

La justicia, según los tratadistas, tiene por fin ser vehículo que debe llevarnos a la felicidad colectiva, la social. Y la política, por su vera entraña moral y ética, debe facilitar el logro de esa meta sin simulaciones ni desviaciones.

No es así en México.

¿Estaban equivocados esos jóvenes que desde los 60 –desde el movimiento estudiantil— al anhelar crear un Estado mexicano social; es decir, uno que respondiese y obedeciese a su razón filosófica –y constitucional— de ser?

Por supuesto que no. Ese anhelo es histórico, pues se remonta al virreinato mismo –la Nueva España como patrimonio personal del individuo que, a ocho mil kilómetros de distancia, al otro lado del océano, llevaba sobre su testa la Corona de España.

Ese Estado colonial –el virreinato—devino, por obra de ese anhelo histórico, en una sucesión de Estados de laya republicana cuyas actuaciones desde entonces han sido opuestas al interés social, el de los muchos pueblos de México, indios y mestizo.

No en vano algunos luchadores sociales –que por definición filosófica e incluso por naturaleza zoológica, decía Aristóteles, son políticos- del pretérito y del presente preconizan desde reformar al viejo Estado, viciado, antisocial, hasta fundar otro.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



A PHP Error was encountered

Severity: Warning

Message: include(/storage/av03882/www/public_html/_cron/data-accordion-new.php): failed to open stream: No such file or directory

Filename: libraries/Functions.php(688) : eval()'d code

Line Number: 250

A PHP Error was encountered

Severity: Warning

Message: include(): Failed opening '/storage/av03882/www/public_html/_cron/data-accordion-new.php' for inclusion (include_path='.:/usr/share/php')

Filename: libraries/Functions.php(688) : eval()'d code

Line Number: 250

0 0 1 2 3 4 5