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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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10 Marzo 2019 03:59:00
Cien días
Cien días es una cifra arbitraria y un periodo muy corto, en general, para evaluar las acciones de política y gestión pública efectuadas, pero se hizo hábito, desde los últimos regímenes presidenciales del PRI, hacer un corte al concluirse ese lapso tras la asunción del poder Ejecutivo por el ciudadano electo para ese fin.

Fiel a la tradición, el actual Presidente ha dejado saber que hará un balance de su propia centuria inicial, de lo que habrá que estar pendientes. Mientras tanto, no está de más revisar, así sea someramente, algunas líneas de acción que sin duda apuntan al rumbo que él mismo se ha trazado.

Es claro que se ha empeñado en dos direcciones, que son políticamente complementarias: en primer lugar, de manera hasta hoy exitosa, ha puesto énfasis en el debilitamiento de los obstáculos que, a su juicio, enfrenta su perspectiva, sin parar mientes en las instituciones que le resultan incómodas; coincidentemente, sus esfuerzos por concentrar el poder en sus manos, y no compartirlo con nadie, son evidentes.

Ha podido hacerlo gracias al muy amplio margen de maniobra que le concedió el proceso electoral del año pasado cuando configuró las cámaras legislativas del país con correligionarios suyos, dando lugar a la capacidad de construir un orden jurídico, y por lo tanto un “estado de derecho”, a la medida. Eso, que no es promisorio, es, en cambio, enfáticamente riesgoso.

En los primeros tiempos, aún antes de rendir la protesta de ley, tomó decisiones drásticas de negativo impacto económico y muy discutible beneficio político en el largo plazo, lo que quizás no sea para él muy importante, porque es evidente que su mirada está puesta en la consolidación de su poder en la elección intermedia.

Aun así, las reacciones de las agencias financieras y la prospectiva económica auguran turbulencias severas si no se le pone la debida atención a la circunstancia económica en que México se desenvuelve inevitablemente.


En lo político, si bien es cierto que su actuación ha discurrido como cuchillo en mantequilla templada, también lo es que entre sus huestes han surgido diferendos que, muy pronto, podrían convertirse en fracturas severas de su aparentemente monolítico soporte.

Para muestra, tres botones: las sucesiones gubernamentales de Baja California y de Puebla –tras el todavía inexplicado suceso en que perdieran la vida la gobernadora Martha Erika Alonso y el senador Rafael Moreno Valle– y un tema que parece apuntar más a ser estructural que de coyuntura y que surgió con fuerza el día mismo de la mujer y que tiene que ver con su reclamo al derecho de interrumpir el embarazo, tema que AMLO rehuye cada vez que con él se le confronta y que, independientemente de las creencias y convicciones de cada quien, está y estará presente en el debate político, especialmente desde la izquierda.

Han sido cien días, además, de “conferencias mañaneras” de prensa, cuyo propósito aparente es mantener informado al pueblo, pero que evidentemente tiene el objetivo de señalar la agenda política y llevar el debate hacia terrenos propicios para sus estrategias, con el efecto adicional de que con esa táctica ha conseguido mantener un verdadero “cerco informativo”, porque no existe tema que pueda abordarse mediáticamente si no es de los tratados por él; en términos periodísticos, estaría desfasado del tópico del momento, que no es otro que el elegido por él.

Cien días en los que lo único incontestable es el intenso proceso de concentración de poder, sin que todavía pueda saberse para qué, porque las proclamas reivindicatorias de los derechos “del pueblo” distan de permitir vislumbrar apenas resultados factibles, sobre todo cuando se prenden, como se van ya prendiendo las alarmas económicas.

Tampoco las políticas se antojan convenientes, porque la división y la confrontación no hacen comunidad; la rompen y provocan discriminación.

El poder es instrumento destinado a la cohesión social y la preservación de los valores generales, no a su destrucción. No está de más recordarlo ahora, para tenerlo presente siempre.
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