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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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24 Diciembre 2009 04:00:12
2009/2010: Desafíos
‘Está claro que el Señor no soporta ver a un hombre feliz’

Por supuesto, las reflexiones del bíblico Caín –el hermano asesino de Abel—consignadas en la obra literaria del señor Saramago son ficcionales y, ergo, sin valor histórico, como carecerían, igual, de valor histórico lo consignado en la Biblia.

Pero esos sucedidos consignados en el documento judeo-cristiano-islámico -génesis de las religiones abrahámicas, entre las que se incluyen las varias vertientes del cristianismo político y comercial-, si contextualizadas, tienen atinencia. El hombre y, sobre todo la mujer, en éste país nuestro no parecen estar felices por la simplísima razón de que no son felices, con arreglo a la definición tanto filosófica como práctica y, desde luego, científica, de la felicidad; ésta última nos la da la psicología.

Volvamos a los orígenes semánticos del vocablo. En nuestra lengua -la castellana, que es una de las ibéricas, pero no la única española-, felicidad “es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien”. También es “satisfacción, gusto, contento”.

Nos referimos aquí, obvio antojaríase, a la felicidad social, no la individual -o particular- y esa es elusiva y aparentemente inasible, pues es distante, si no ajena, a las consecuencias de la forma de organización económica y política prevaleciente.

Recapitulemos: la felicidad social es huidiza a los mexicanos como secuela de la enajenación y su amor fetichista a las cosas, principalmente el dinero. Pero esas causales tienen también, en su turno, causales propias. Las causas de las causas, pues.

Para mantener esa enajenación social, el hombre mismo inventa, desarrolla y aplica mecanismos apropiados. La religión organizada para fines de poder y negocios, por ejemplo, distinta de la religión real que llena oquedades espirituales humanas. Por ello, prevalece la primera -la religión político-comercial organizada, adherida a las filosofías del dinero acumulado (capital) y, ergo, del mercado y consumo- en el entorno sociocultural mexicano, en la cosmovisión, incluso, de la sociedad mexicana.

Ésta es el grueso mayoritario formado por el mestizaje indio-hispano, ocupante de un territorio despojado a pueblos originarios aun presentes (del 12 al 15 por ciento), cuya dominación es también meta estratégica de la religión político-comercial organizada.

La infelicidad social mexicana tiene manifestaciones dramáticas, corrientes en la vida diaria. Pero optamos por encubrirla y hasta negarla pues es la evidencia de aquella. Encubrimos y negamos la opresión. Así, celebrar la Navidad es catarsis escapista.

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