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Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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20 Septiembre 2020 04:09:00
2021 es atípico: a Coahuila lo que le corresponde
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No es un asunto de grilla política, cálculo electoral o inminente corrupción. Hay que decirlo con claridad más allá de filias y fobias: Coahuila sí requiere un presupuesto de egresos 2021 que corresponda con sus necesidades actuales. Asequible, no extravagancias ni excesos, mucho menos derroche. Pero sí lo justo.

Si bien es un tema técnico y de números que deberá ser aprobado en la Cámara de Diputados antes del 15 de noviembre, de fórmulas matemáticas ininteligibles para la mayoría, como producción de la riqueza, participación voluntaria de nuestra entidad en el concierto federal y devolución de recursos, también es un asunto de equivalencia.

A veces se olvida que seguimos en un punto sin certezas en medio de una pandemia. No hemos salido de la primera oleada y ya se anticipa un rebrote de contagios de Covid-19, con el Producto Interno Bruto nacional disminuido 18.9% a raíz de una crisis económica sostenida debido a la parálisis financiera que produjo la emergencia sanitaria y el confinamiento. Es obvio que habrá menor recaudación el próximo año, y endeudarse a largo plazo para Coahuila está vedado. Aquí es donde cambia la historia.

En dicho escenario, el Gobierno del Estado requiere transferencias de la Federación, pues hoy más que nunca es necesario. No sirve achicarlo ni reducirlo a su mínima expresión, como irónicamente se haría en el modelo neoliberal que hoy, en palabras del Presidente, ha sido desterrado pero en los hechos está más vivo que nunca.

Se puede ser empático con el sur del país, particularmente con su pobre desarrollo económico y sus innumerables necesidades históricas, y se puede estar de acuerdo, o no, con las inversiones multianuales y multimillonarias que allá se realizan con presupuesto federal desde 2019. Pero también se puede exigir equilibrio y responsabilidad con Coahuila ya que una cosa no condiciona la otra. Estirar la cobija para cubrir algunos sectores termina por descobijar a otros.

Hay rubros del presupuesto que no se pueden recortar y mucho menos desaparecer, como salud, seguridad o educación. El ramo educativo, para dimensionar, absorbe alrededor del 40% del gasto total y ya está comprometido de antemano (piense usted, por ejemplo, en las pensiones del magisterio logradas luego de tres décadas de trabajo). Parece obvio señalarlo, pero se trata del funcionamiento básico y mantenimiento de obligaciones; una rectoría en ciertas áreas y continuidad en otras que no es necesariamente negativa. No todo se tiene que reinventar o transformar cada sexenio. Mucho menos cada ciclo anual. Es algo que va más allá incluso del administrador actual, representado por la Secretaría de Finanzas. Empobrecer servicios públicos puede ser un asunto de vida o muerte, en las circunstancias actuales. No tener acceso a fondos etiquetados para infraestructura social como anteriormente se tenía, por ejemplo, disminuye la calidad de vida de sus habitantes y por tanto de la comunidad, nuestro entorno más próximo.

Es un hecho: la vía del diálogo institucional y los canales de comunicación utilizados para lograr el cometido no ha dado frutos. La Alianza Federalista constituida por los 10 gobernadores que desertaron de la Conago predica en el desierto. Y más allá de lo obvio (que no tienen autoridad sobre la Secretaría de Hacienda ni mayoría partidista en el Congreso de la Unión, los factores reales de poder para modificar por sí mismos el presupuesto para 2021) un fenómeno que les afecta es el dominio del discurso en la agenda pública. No ha sido asertiva la forma de comunicar a la opinión pública sus motivos y exigencias, pese a ser legítimos y fundados, y por tanto no son acompañados por la mayoría de ciudadanos. Tampoco sirve exaltar el regionalismo hacia una balcanización del país. En ese terreno el Presidente sigue siendo un hábil comunicador pese a las incongruencias y dislates, cada vez más frecuentes conforme avanza el calendario.

Aunque se vende como un ejercicio de austeridad en el gasto público, en realidad se trata de una imposición a través del autoconvencimiento generalizado. “Para que no se lo roben los gobernadores es preferible que no les den más”. El argumento anterior aviva un resentimiento, es elocuente y reduccionista por tanto fácil de asimilar, sin embargo de dogmas y fundamentalismos no se vive. No todo el tiempo, por lo menos. En Coahuila somos 3 millones de habitantes y una eventual disminución del presupuesto, como se advierte del anteproyecto presentado por Hacienda, afecta por igual a todos los municipios, independientemente si son gobernados por PRI, PAN, Morena o UDC.

Justo es decirlo: los apoyos sociales no sustituyen al Gobierno. Transformar el aparato gubernamental en puntos de reunión con dinero en efectivo, sin intermediarios, para que la mayoría alcance algo, es una visión patrimonialista, paternalista y peligrosa. Una pretendida –y mal entendida– justicia social a cambio de dinamitar lo construido en el pasado.

Y lo recortado, por lo demás, no lo van a suplir con trabajo las delegaciones federales en Coahuila: apocadas y descabezadas como no hay un antecedente cercano.



Cortita y al pie

Durante la última visita del Presidente de México al estado, el 26 de agosto en Torreón, afirmó que los gobernadores de Coahuila y Durango, “tienen derecho legítimo a solicitar más recursos, pues esa es su función, o parte de su trabajo: ‘velar porque lleguen recursos a sus estados; los dos lo hacen muy bien en ese sentido; nada más que somos parte precisamente de un sistema federal, de una República, y tenemos que manejar las riquezas de México con equidad, con honestidad… cuidar el presupuesto público, que es dinero del pueblo’”.

Esa idea franciscana, más apegada a la moral religiosa (“poquito porque es bendito”) que a los principios básicos de administración pública.



La última y nos vamos

Nos encontramos ante una situación excepcional y atípica donde no hay cabida para la mezquindad y las medidas presuntamente punitivas en el presupuesto. Tampoco para la inercia ni las acciones ordinarias.

Las siguientes semanas serán definitivas y se requiere no despegar el dedo del renglón. Pero si el Presidente y sus interlocutores no escuchan, mucho menos secundan, se vislumbra un 2021 complicado para Coahuila, no para un partido político en particular. Así de sencillo.


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