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Héctor Reyes
Héctor Reyes
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03 Abril 2020 04:00:00
31 años
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Treinta y uno de marzo de 1989; 7:15 am... Ese día mi mamá me levantó con un semblante que nunca olvidaré, pero a la vez calmada: “Vístete por que tu papá se siente mal”, yo sin saber, ya le había dado un preinfarto...

Esa noche oí por última vez su llegada, se preparó un huevito con chorizo, según me lo dijo esa mañana, con ese semblante que siempre lo caracterizó: tranquilo, que irradiaba paz a uno (igual por que era mi papá, así lo veía yo) pero por dentro creo que tenía además del dolor físico, el dolor de la preocupación.

La llegada a la antigua clínica del ISSSTE, la de Murguía en Saltillo, fue el preámbulo de la despedida, pero siempre con las indicaciones y el rigor de ser quien era: “Vas a la oficina, te traes una caja que tengo lista, recoges ciertas cosas, me dijo y te regresas”, eso era porque su oficina de la Secretaría de Salud, se cambiaba de lugar: él por dentro pensaba que iba a seguir trabajando, con ese ánimo siguió luchando.

Pasadas las 11:00 de la mañana, lo trasladaron al Hospital Universitario, ahí lo vi con vida por última vez, su semblante de preocupación era más notable, pero a la vez, con un rayo de esperanza, así lo volví a ver y así me quedo: en el trayecto le volvió a dar otro infarto, ese ya fue fulminante.

El 31 de marzo pasado, se cumplieron 31 años de su partida, estos 31 años, si bien cada día recuerdo su presencia, nos han dado a la familia, varias lecciones. Hoy tengo la fortuna de tener a mi mamá con nosotros, la familia ha crecido, con cuatro nietos, uno de ellos, se llama igual que él: Héctor Manuel.

Hoy como siempre recuerdo este día, en lo particular, las últimas horas, cómo fueron marcando parte de mi vida.

Dios sabe por qué se lo llevó tan rápido, aunque él mismo de una manera aceleró su partida, ¿Por qué? Porque como buen hombre criado en Tamaulipas le gustaba y en algunos casos le encantaba comer, en especial menudo, barbacoa, creadillas, chicharrón, cafecito, etcétera; unos ricos manjares, pero llenos de colesterol, por ejemplo, una de las cuestiones que lo llevaron al infarto.

Él solo sabe cuál era nuestra conexión, como padre, sabía tener esa conexión con sus hijos, sabía darle por su lado a cada una de sus dos hijas, ¡ah! y qué decir de tener en un pedestal a su esposa –como bien dicen, las personas se encuentran–.

Él encontró a Tenchis, en Torreón, mujer de carácter, pero que él conocía de perfecta manera y que por igual, supo preparar en los años que estuvieron casados para que ella se hiciera cargo de sus tres hijos, cuestión que ha cumplido, de ahí que siempre, cuando ocasión lo amerita dice: “Tu papá decía...” y sale a relucir la anécdota que da pie a un buen consejo o en su caso y se vale a estas alturas, un regaño, al fin y al cabo es la líder de esta familia.

Son 31 años de tu partida, hoy más que nunca me gustaría que estuvieras aquí, solo para que conocieras a tus nietos, que los cargaras, que jugaras, que los gozaras. Solo le pido a Dios que me dé los años suficientes, para que como tú fuiste un guía para mí, yo lo sea para ellos. Hoy no estamos tristes, estamos contentos por recordarte.

¡Te quiero papá!



Punto y aparte

Como bien dice mi amigo Jaime Villasana, por más que uno quiera autolimitarse para no criticar al presidente Andrés Manuel López Obrador en esta crisis que padecemos por causa del Covid 19, el mismo Presidente da pauta para que se hable de él, solo basta ver su dicho de ayer jueves, “como anillo al dedo llegó esta crisis para afianzar el propósito de la transformación”…

La preocupación de la población, crece cada día, como los casos del Covid 19 y la muy desafortunada declaración por parte del Ejecutivo federal, aunado a la mezcla que le ha dado a la política con la crisis del coronavirus, lo ha llevado a cometer muchos y grandes errores, que lejos de ver a un estadista, dejan ver sus propios intereses, mejor le hacemos caso al ya famoso doctor Hugo López-Gatell y quedémonos en casa… y AMLO también.

Buen fin de semana.



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