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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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10 Marzo 2020 04:05:00
4T: los avatares
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El tono de la crítica contra el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) corresponde a un final de sexenio y no a la parte inicial. Ni Salinas de Gortari ni Felipe Calderón recibieron la andanada mediática y de otros sectores como ocurre ahora. Para compensar el déficit de legitimidad derivado de unas elecciones fraudulentas, se aliaron con poderes fácticos y grupos de presión, incluidos algunos barones de la droga, según investigaciones. El prianato inició con Salinas; Calderón y Peña Nieto lo consolidaron.

El responsable del malestar es, en buena medida, el propio Presidente, pues además de no haber podido contener la violencia y del nulo crecimiento económico, ha polarizado al país como ninguno de sus predecesores. En aras de la austeridad y de la implantación de un nuevo régimen, AMLO ha cometido errores, algunos de ellos mayúsculos, sobre todo en materia de salud y atención a los grupos vulnerables (niños y mujeres) al suspender el abasto de medicamentos y subsidios. Las prácticas corruptas en la compra de sustancias y el abuso de algunas ONG, cuyo fin era el lucro, pudieron afrontarse sin afectar a los pacientes, las guarderías ni los refugios para mujeres. El líder de la 4T gobierna a matacaballo.

AMLO anticipó el sacudimiento desde el primer día: «hoy no solo inicia un nuevo Gobierno», sino «un cambio de régimen político». Sin embargo, la transformación no ha sido pacífica -hay más asesinatos y la insatisfacción ciudadana es creciente, según reflejan las encuestas- ni ordenada -en algunos sectores de la Administración impera el caos-. Tampoco «profunda y radical», pues si bien la corrupción se ha atacado como en ningún otro sexenio, todavía hay intocables: el expresidente Peña Nieto; y a escala local, el clan de los Moreira. La impunidad lastra el «renacimiento de México».

La pretensión de AMLO de «convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de Gobierno» es plausible, pero cada vez suena más a utopía. Culpar de la crisis del país al modelo económico neoliberal tiene sustento, mas no todo el mundo coincide con esa tesis. En lo que acaso todo el mundo coincide con el Presidente es que a ese periodo -comprendido entre los sexenios de Salinas y Peña (PRI), y los intermedios de Vicente Fox y Calderón (PAN)- lo caracterizó «la más inmunda corrupción pública y privada».

Así se lo reprochó AMLO a Peña Nieto, en su toma de posesión, cuya estela de corrupción es infinita e incluso Estados Unidos lo investiga por sobornos relacionados con la multinacional Odebrecht y Agronitrogenados: «Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo. Esa es la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos». Hoy Genaro García Luna, Rosario Robles y Emilio Lozoya Austin, figuras prominentes en los tres últimos sexenios, están presos en Estados Unidos, México y España por delitos de corrupción.

La misma suerte han corrido algunos representantes de la minoría privilegiada aludida por AMLO. Alonso Ancira Elizondo, presidente de Altos Hornos de México (AHMSA), y Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, fueron detenidos por la Interpol en España, con diferencia de meses, por su presunta vinculación con Odebrecht, constructora brasileña que pagó miles de millones de dólares en sobornos a políticos de América Latina a cambio de contratos. Otro intocable del viejo régimen, ahora en prisión, es el litigante Juan Collado; en su caso, por lavado de dinero y delincuencia organizada.
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