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Dalia Reyes
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17 Enero 2019 04:00:00
A la mano
Los ojos son el espejo del alma; el cabello femenino delata un despertador descompuesto, y el pantalón el mejor amigo tres semanas después del salón. (Sí, esta lista esta muy loca, pero si Borges lo hacía ¿por qué yo no?) Pero las uñas, señor mío, son la caja de pandora, la caja negra, la caja de Fruit Loops para conocernos a las mujeres en todo nuestro esplendor.

Deberán, los caballeros, agradecer a la inventiva estética por esta seña a distancia para tomar una decisión respecto de establecer uno u otro tipo de relación con el sexo opuesto. Algunas tribus y grupos étnicos usan turbantes atados de diferentes formas; otras, fajas de diferente grosor y colorido atadas a la cintura; también hay huipiles delatores del estado civil entre las mujeres, todo esto para evitar confusiones penosas -o trágicas- si alguien quisiera algo con ellas. Pero lo de hoy, lo de hoy, son las uñas.

La uña larga, a mediados del siglo pasado, era un signo de rebeldía, protesta no tan silenciosa contra la sumisión femenina referida a labores en el hogar, que impedían el cuidado de la belleza femenina, porque eso era sinónimo de desatención a las obligaciones de la mujer: los hijos, el viejo, un montón de pájaros, un perro, un gato y una tortuga.

Hoy en día, la uña racionalmente larga y pintada es solo reflejo de mesura y buena apariencia, no habla mucho del estado civil o deseos al respecto para un futuro inmediato. Si van pintadas, el color envía numerosos mensajes: la de rojo padece el síndrome de la blancura y desea exacerbar el albo tono de la piel, exista o no –el tono, no la piel-; las rositas guardan discreción y feminidad, las de transparente, cuidado, anuncian la perfección en dicho y hecho, seguro no permitirán a nadie siquiera un calcetín en el baño.

Una forma de reafirmar la determinación por la libertad fue usar, sobre las uñas propias, extensiones acrílicas en la punta de los dedos; ahora se usa porcelana, acrílico, gel. Las féminas capaces de portar esos accesorios y mantener las medias impolutas y la ropa interior sin rasguños, suelen ser solteras, económicamente activas, o casadas con la esperanza de volver al estado y añorado estatus anterior.

Por cuestión de espacio, abordaré, por último, las de la uña mordida. Estas chicas son un albur y fehaciente modelo de la mujer, es decir, darán resultados extremos: en cuanto se casen, o comerán todo lo que haya en casa excepto la queratina de sus uñas, o, pasado un mes de la boda, será usted quien vaya a ponerse uñas postizas, porque habrá consumido por completo las suyas.

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