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Marcelo Torres Cofiño
Marcelo Torres Cofiño
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Marcelo Torres Cofiño es miembro del Partido Acción Nacional desde 2006, fue Diputado Federal del Estado de Coahuila en la LXII Legislatura. Fue Presidente del Partido Acción Nacional y actualmente es Diputado Local, coordinador del grupo parlamentario del PAN y Presidente de la Junta de Gobierno en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila.

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03 Marzo 2019 04:00:00
A lo Moreira
Hay una manera muy dañina de entender la función pública y de ejercer el poder que los coahuilenses experimentamos durante 12 años a manos de los Moreira y cuyas consecuencias negativas pagaremos a lo largo de varias décadas. Esa forma de hacer política gira en torno a tres grandes ejes. El primero es la concentración del poder en un solo individuo.

Tanto Humberto como Rubén se manejaron como auténticos virreyes durante su gestión, a punto tal que hay muchos ejemplos registrados de cómo trataban a los alcaldes como auténticos empleados a su disposición, en un absoluto irrespeto a su cargo. Pero lo mismo hacían con los miembros de los poderes Legislativo y Judicial, que terminaban siendo sus lacayos, cumpliéndoles cualquier antojo sin chistar incluida la legalización de esa parte de la deuda que fue contratada con documentación apócrifa.

El segundo eje sobre el que se basó el Moreirato para ejercer su poder hegemónico fue la creación de una extensa red clientelar sostenida a punta de dádivas y falsos programas de desarrollo social que jamás sacaron a alguien de su pobreza pero que aseguraban su participación en las urnas. Nadie duda que parte de los recursos perdidos de la megadeuda sirvieron como aceite de la maquinaria electoral que les dio carro completo en algunos comicios legislativos como sucedió, de manera más reciente, en 2015, en los que el PRI ganó en los siete distritos electorales del estado.

Finalmente, el tercer eje consistió en implementar un régimen demagógico. Tanto Humberto como Rubén gobernaron con la lengua. Nada más hay que recordar los eslóganes “de la gente” o el “más mejor”, horribles en términos del buen uso del idioma, pero efectivos en cuanto a su penetración en la opinión de las mayorías. Los hermanos Moreira fueron expertos en mentir y en adormecer a las grandes multitudes con sus discursos.

Pero lo sorprendente aquí es que, observado desde esa perspectiva, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no es muy distinto al de los hermanos Moreira. De hecho, a su manera, está tratando de seguir esos mismos ejes que constituyeron el virreinato de Humberto y Rubén.

Una variante es, por ejemplo, que el establecimiento de un régimen demagógico AMLO lo ejecuta con su circo diario de las conferencias mañaneras, desde donde resuelve, según él, todos los problemas del país sin resolver nadad en verdad. Cada “matutina” es una mezcolanza descompuesta de promesas, excusas, acusaciones, malos chistes y ocurrencias, que sirven para dar espectáculo a sus seguidores, pero para nada más.

Pero aunque algunas formas son distintas el fondo permanece. Solo que, por ahora, todavía hay resquicios en el entramado institucional que se resisten a hincar la rodilla para venerar al mesías tropical.

Ojalá y que la nación se dé cuenta, a partir del ejemplo de lo sucedido en Coahuila, del desastre que se viene cuando se gobierna no para el beneficio de un país sino para el lucro personal de un solo individuo. AMLO se siente amo y señor de México, tal como Humberto y Rubén se sintieron en su momento con Coahuila. Aunque les cueste trabajo a sus seguidores reconocerlo, AMLO gobierna al puro estilo Moreira. ¿Dónde lo habrá aprendido?

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