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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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06 Octubre 2009 03:42:13
A los impuestos
Una vez instalada la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, inicia en forma la discusión de los impuestos, que deberá terminar este mismo mes.

Según la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (art. 42. V), los diputados deben dictaminar y aprobar la Ley de Ingresos a más tardar el 20 de octubre, y los senadores el 31 del mismo mes. Así que no hay mucho tiempo para discutir asuntos irrelevantes, y hay que entrar rápidamente en materia.

De acuerdo con los ingresos que se definan en esta ley, se podrán construir los gastos, lo que genéricamente llamamos presupuesto, que podrán discutir los diputados (ellos solos) hasta el 15 de noviembre, cuando deberán aprobarlo. Si en el acuerdo de Ley de Ingresos se tiene poco dinero, pues será poco lo que podrán acomodar en el presupuesto. Y, como sabemos, todos quieren gastar más en el gobierno, porque todos consideran que su trabajo es fundamental para el país. Es natural que así sea.

Vale la pena de una vez aclarar el asunto del déficit, porque los gastos pueden ser mayores que los ingresos y el faltante financiarse con deuda. El gobierno ha propuesto que este déficit sea de 0.5% del PIB, cosa de 60 mil millones de pesos. La mera propuesta de un déficit es ya un asunto interesante, porque la Ley de Presupuesto y demás que ya mencionamos considera al déficit algo que debe ocurrir sólo ocasionalmente, para no complicar la situación financiera del país. Hacienda aprovecha la oportunidad que da la ley, y ofrece incurrir en déficit, pero en un déficit pequeño.

Desde la oposición se dice que se trata de un déficit demasiado pequeño, y que no estaría mal que fuese mayor. A favor de este argumento aducen que la mayor parte de los países grandes del mundo están incurriendo en déficit para este año fiscal, con el objetivo de enfrentar la recesión. Dicen bien, así están haciendo muchos países (aunque no todos). Pero eso no implica que nosotros debamos hacer lo mismo. Y no debemos hacerlo por dos razones. La primera es que el problema de la recesión no es nuestro, y la solución a esa recesión tampoco. Si nosotros quisiéramos compensar el impacto de la recesión global con nuestros propios recursos, haría falta que el gobierno fuese tres veces mayor para que hubiese algún efecto. Es decir, no es cosa de un déficit, por muy grande que sea.

Más importante aún, nosotros no podemos enfrentar la recesión con un déficit mayor porque nuestro déficit ya es suficientemente grande. Desde inicios de los noventa la contabilidad gubernamental en nuestro país ha oscurecido la definición del déficit, y en realidad lo que se publica como tal no es lo que deberíamos considerar. El verdadero déficit del gobierno es una variable llamada “requerimientos financieros del sector público”, que para el 2010 se espera de 3.3% del PIB. Ése es el verdadero déficit, y ya no es tan pequeño. Podría ser mayor, sin duda, si tuviésemos seguridad de que podremos pagarlo en el futuro, pero eso es precisamente lo que no tenemos.

A diferencia del resto del mundo, que enfrenta una recesión, nosotros lo que enfrentamos es una severa caída en los ingresos del gobierno. La razón, ya lo hemos comentado en muchas ocasiones, es la caída en la producción petrolera. Hemos ido ajustando al alza nuestros gastos, aprovechando el crecimiento en el precio del petróleo, hasta “acostumbrarnos” a un ingreso petrolero como el de 2008, que fue de 9 puntos del PIB (cosa de 1.1 billón de pesos). Ese año produjimos 2.8 millones de barriles diarios que pudimos vender, en promedio, a 84.40 dólares cada uno, lo que significó casi 86 mil millones de dólares. Este año apuntamos a 53 mil millones de dólares, que es una caída importante, y para el 2010, si el precio del barril se estima en 54 dólares, los ingresos serán inferiores a 50 mil millones. Es posible que tengamos un precio mayor, pero eso implicará también importaciones de gasolina más cara.

Más grave aún, es que esta cantidad irá cayendo a un ritmo de 10% anual en el futuro previsible, es decir, al menos hasta el 2016. Para entonces, los ingresos petroleros apenas serán 3% del PIB, no los nueve que fueron el año pasado. Esa diferencia es la que necesitamos cubrir de alguna manera. No se ve posibilidad alguna de que la producción de petróleo se mantenga (aunque Pemex insista en ello), mucho menos de que crezca. Puede ser que el precio del barril suba, pero eso tiene el costo del alza en la gasolina que ya mencionábamos. La última posibilidad es la devaluación del peso, que transformará esos dólares en más pesos que podremos gastar. Claro que eso significa una espiral inflacionaria que no creo que queramos enfrentar.

Por eso no queda más remedio que pagar más impuestos. Ya en la última semana hablamos de cómo podría reducirse el gasto, pero usted recordará que la única posibilidad seria que teníamos era enfrentar duramente a los sindicatos del estado, esto es, Pemex, CFE, Luz y Fuerza, IMSS, etc. No estaría nada mal que lo hiciéramos, pero no se me ocurre que eso pueda pasar en este mes de octubre, de forma que no veo cómo podríamos incluir ese escenario en la Ley de Ingresos que hay que tener terminada para este mes.

Con base en lo que le he comentado hasta aquí, me parece que los diputados tendrán que considerar con toda seriedad la propuesta del gobierno para el presupuesto de 2010. Sin duda existen varias opciones muy atractivas que podríamos incorporar paulatinamente, pero que no pueden llevarse a cabo en tres semanas. Acerca de esto le platico en la próxima colaboración, porque ésta ya se acabó.
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