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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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24 Mayo 2019 03:55:00
¿A quiénes representan los sindicatos?
Sucedió en días pasados, en el festejo del aniversario de una empresa establecida en alguno de los llamados parques industriales de nuestra localidad, cuando el alcalde de Saltillo intentó justificar la existencia y el trabajo del sindicato adscrito a esa negociación, con buena intención, pero con una mala elección del tema.

En respuesta, los trabajadores se dejaron caer con un concierto de abucheos y rechiflas, mediante las cuales evidenciaron su desaprobación respecto a los trabajos realizados en su representación, por parte del sindicato. De lo anterior, da cuenta un video que circula en redes, en el que se ve al alcalde intentando elogiar al sindicato y a un público bastante disconforme.

Sin duda, el tema viene a colación, dada la reciente reforma laboral promulgada en nuestro país, en la cual solo se replantea y modifica la vida jurídica del sindicalismo mexicano, sin resolver primero, sobre la conveniencia de seguir sosteniendo en nuestra ley dicha figura. Sin embargo y ante el duro ejemplo que nos muestra el video de lo sucedido en esta empresa local, surgen diversos cuestionamientos sobre la necesidad de mantener a los sindicatos en el organigrama del sector productivo de nuestro país.

El primero de los cuestionamientos, es: “¿A quiénes representan los sindicatos?”, y aunque la respuesta debiera ser, que a los trabajadores o a sus derechos, la realidad es que dicha contestación solo es parte del texto de la ley, la cual consigna sin demostrarlo, que los sindicatos deberán representar los intereses de los trabajadores.

Por desgracia, en la realidad no existe antecedente en nuestro estado de alguna nueva conquista lograda por algún sindicato que nos haga pensar que vale la pena seguirlos manteniendo. Y por el contrario, en la localidad tenemos casos de demandas laborales de trabajadores directos de sindicatos con antigüedades de toda una vida, que fueron despedidos de manera injustificada y que sufren la irresponsabilidad patronal de quien debiera velar por los derechos laborales, tal como sucede con la CROC en Saltillo.

En segundo lugar, surge el cuestionamiento relativo al financiamiento de las organizaciones sindicales, de lo cual sabemos que gran parte de sus ingresos vienen de las cuotas obligatorias que las empresas en colusión con los sindicatos imponen a los trabajadores afiliados por la fuerza.

Aunque también muchos de los recursos que los sindicatos o sus líderes manejan, son en parte las prebendas que las empresas dan a los dirigentes, a cambio de la subordinación de los sindicatos, que extrañamente siempre ceden y terminan negociando para mal, los derechos laborales y las obligaciones patronales.

Por lo visto, el alcalde de Saltillo desconoce que la fuerza del sindicalismo en nuestro estado se ha erosionado por la voracidad de sus líderes, los cuales en su afán de conservar el mayor número de contratos colectivos de trabajo y las cuotas que ello representan, han adoptado una política defensiva, y que significa aceptar cualquier acuerdo con el patrón, afectando con esto a los trabajadores, logrando con esto que el sindicalismo vaya en un franco declive por las concesiones que ha dado.

Difícil se vislumbra el panorama para el sindicalismo local, el cual carece de representatividad, pero sobre todo de argumentos que ayuden al alcalde a defenderlos.
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