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Miguel Badillo
Miguel Badillo
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03 Mayo 2010 04:00:32
A salvo los dos periodistas
San Juan Copala sobresale y se confirma como la ‘tierra de nadie’.

La pobreza, la desigualdad, la injusticia, la marginación y las violaciones a los derechos humanos han sido, desde hace ya casi una década, la materia de investigación del equipo de periodistas que integran la revista “Contralínea”.

No es gratuita, y sí una cobertura obligada, la presencia de sus reporteros en las zonas más pobres del país, entre las cuales Oaxaca, lamentablemente, ocupa un lugar destacado.

Érika Ramírez y David Cilia, reporteros de “Contralínea” agredidos a balazos junto con la caravana de paz que el martes pasado llevaba comestibles, agua y medicinas al pueblo de San Juan Copala, llevaban las órdenes de trabajo de hacer una radiografía de la violencia que hay en la región y el clima político preelectoral del estado. Su traslado específico a Copala obedecía a reconstruir la historia de las dos periodistas triquis asesinadas hace ya varios años, como parte de un gran reportaje sobre los casi 70 periodistas acribillados en 17 estados de la República en lo que va de la administración federal panista.

Aún más, entre las regiones marginadas y laceradas por cacicazgos y terratenientes que dominan al país, San Juan Copala, una región triqui declarada “municipio autónomo” en 2006 y cuyos habitantes están sitiados ahora por el mismo grupo paramilitar que atacó a la caravana de paz, sobresale y se confirma como la “tierra de nadie”, en donde el Gobierno estatal priísta es complaciente de esos grupos armados que actúan fuera de la ley y que se disputan a sangre y fuego el control territorial, económico y político del municipio, a donde la ausencia de ley, la justicia, las políticas públicas y el bienestar social están muy lejos de llegar a la región.

Por eso Érika y David estaban allí en Oaxaca y las ediciones de “Contralínea” desde hace varios años son testimonio de la labor informativa de sus reporteros. El libro “Morir en la Miseria”, resultado de un intenso trabajo periodístico en los municipios más pobres del país, también da cuenta de ello. Y han sido, precisamente, Érika Ramírez y David Cilia enviados permanentes de “Contralínea” a la región.

El marco y cobijo de una caravana por la paz, con la presencia de observadores internacionales y organizaciones mexicanas no gubernamentales que llevaría medicinas y víveres sin filiación política, se presentó como la oportunidad periodística para investigar sobre la violencia en la zona, e indagar a profundidad el artero e impune asesinato de las locutoras triquis de la radio comunitaria perteneciente a la Red de Radios Indígenas.

De hecho, en abril pasado se cumplieron dos años de su ejecución, que aún permanece impune, y “Contralínea” buscaba seguir la historia de Felícitas Martínez y Teresa Bautista, quienes hasta el día de su muerte estaban a cargo de la radio comunitaria La Voz que Rompe el Silencio. Felícitas y Teresa orientaban a los pueblos triquis en temas de salud, organización y derechos básicos. Alguien resultó ofendido con su palabra.

No ignorábamos el clima de violencia que meses atrás se había recrudecido en San Juan Copala, pero los dos reporteros pensaron que una caravana por la paz sería suficiente para persuadir a los grupos paramilitares que operan en la región de contener sus agresiones mortales. Ni siquiera en las peores zonas de guerra se atenta contra personas que portan banderas blancas y tampoco contra la prensa, que sólo busca documentar los hechos, como responde a un periodismo veraz y profesional.

Jesús Martínez Flores, presidente de este municipio autónomo, encabezó la convocatoria a lo que el calificaba como una “caravana de observación” que apoyara las pláticas para pacificar la zona.

“Nosotros ya no creemos en las autoridades que siempre le mienten al pueblo, ya no creemos en quienes ante la opinión pública se desgarran las vestiduras pidiendo la paz que ellos mismos rompen con la complicidad y la impunidad que siempre gozan por parte del Estado; nosotros creemos en nuestro pueblo, que entiende nuestro pesar, por eso hacemos el llamado a la caravana de observación que realizamos por nuestras tierras”, dijo Martínez Flores en un comunicado fechado el 19 de abril pasado.

Martínez Flores agregó: “Con organismos nacionales internacionales de derechos humanos en fechas por definir, donde también nos acompañarán medios alternativos, compañeros de la Otra Campaña y todo aquel que tenga bueno su corazón y quiera ayudar a encontrar la paz y la seguridad, y el desarrollo que la región triqui necesita. Caminaremos este proceso de paz hasta sus últimas consecuencias, así garantizaremos la conservación de nuestra cultura”.

Pero la caravana por la paz no fue suficiente. Los dos reporteros de “Contralínea”, Érika Ramírez y David Cilia, fueron también víctimas de la emboscada del 27 de abril en la zona de La Sabana, en la mixteca oaxaqueña, que dejó como saldo varios heridos y los asesinatos de Alberta Cariño Trujillo, directora del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (Cactus), y del finlandés Jyri Jakkola, observador internacional.

Todo este día se escucharon disparos a su alrededor de ráfagas de metralletas, algunos muy cercanos y otros a mayor distancia. El miedo y la incertidumbre obliga a los cuatro refugiados a mantenerse en silencio y a grabar, con los teléfonos celulares, un breve testimonio de que estaban vivos, por lo que si aparecían muertos era una ejecución motivada por la negligencia del Gobierno por no rescatarlos a tiempo.

Se avisó a las autoridades del Gobierno del Estado de que los periodistas desaparecidos estaban vivos y ocultos ante el temor de ser nuevamente atacados.

La burocracia del gobierno de Ulises Ruiz seguía con dudas y temor para autorizar una incursión policiaca a la región, donde un grupo paramilitar decide el destino de quién vive o muere.

Finalmente la información sobre los periodistas desaparecidos, que ya circulaba en todos los medios de información nacionales y extranjeros, obligó a Ulises Ruiz a actuar y ordenar el operativo del rescate encabezado por los reporteros de “Contralínea”.

Diez mandos policiacos y 50 efectivos, a bordo de 10 unidades, se internaron en la zona en donde el padre de uno de los periodistas, David Cilia, y el director de “Contralínea” encabezaron la búsqueda en las montañas, hasta que ese mismo día, a las 22:40 horas, los localizaron y fueron rescatados.

El comandante de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), Lázaro Hernández, le dijo a los reporteros de “Contralínea”: “Nadie puede ir allí, ni el Ejército.

Nosotros negociamos llegar hasta cierto punto y, aún así, ellos, los paramilitares, hacen disparos al aire. Si nos pasamos del punto al que acordamos llegar, nos tiran a dar”.
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