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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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15 Marzo 2019 03:46:00
Aborto versus progresismo
La legalización del aborto en México es, sin duda, el tema del momento. Y es que desde el mes de diciembre pasado, el partido Morena presentó un proyecto de ley que busca despenalizar el aborto libre hasta las 12 semanas de gestación, proyecto que sigue avanzando en ambas cámaras.

Así igual en nuestro estado, la diputada local, Claudia Isela Ramírez, del Partido de la Revolución Democrática, desde octubre, ya había presentado una iniciativa igual en la que pide modificar el Código Penal local para despenalizar la interrupción del embarazo, en idénticos términos que la propuesta nacional.

Ambas iniciativas se dice, encuentran su mayor fundamento en la ideología progresista de los partidos que las impulsan. Es evidente que los legisladores que se dicen progresistas, desconocen y por mucho, que el progresismo significa principalmente, la posibilidad de que la capacidad del individuo sea la única circunstancia que determine el límite de sus aspiraciones, y no la condición social en la que le tocó nacer.

Es decir, que un gobierno progresista debe limitarse a generar las condiciones ideales de igualdad, que logren que sea el esfuerzo humano la única variable que establezca la diferencia social y nada más.

En palabras formales, el progresismo se define como la tendencia al pragmatismo político que abarca ideologías de la centro-izquierda y centro-derecha, así como doctrinas filosóficas, éticas y económicas que buscan el progreso integral del individuo en un ambiente de igualdad, libertad y justicia.

En resumen, los progresistas persiguen el “progreso indefinido” en lo social, económico, político e institucional, en lo que al estado se refiere y nada más.

Por tal motivo, es absurdo que los legisladores morenistas y perredistas que se dicen progresistas, interpreten a esta ideología como la concesión desmedida para los gobernados de las más amplias libertades, incluso en el área sexual, al punto de pensar que el progresismo concibe el acto sexual como un juego placentero sin complicación ni consecuencias, cayendo incluso en el absurdo de pensar que si la mujer queda embarazada sin haberlo previsto, la única solución es la de liquidar la vida humana que existe en su seno como madre, como si el progresismo pudiese destruir los factores, sentimentales y emocionales por oponerse a la concepción progresista de la sexualidad.

Como esta, muchas otras consecuencias puede traernos esta desatinada concepción de estos disque progresistas, los cuales con su extraño raciocinio pueden llegar incluso a confundir al ciudadano y frenar con ello el verdadero progresismo que afortunadamente viene avanzando en México y Latinoamérica.

Y es que no debe existir otra idea distinta del progresismo a aquella que nos lleve a pensar que lo que el Gobierno debe siempre buscar, es el bienestar del ciudadano, a aquella que se traduce únicamente en la lucha por el progreso, una lucha por la evolución positiva para hombres y mujeres en sus aspectos individuales y sociales, desde una perspectiva humanista.

Es decir, que todos los ciudadanos tengan iguales oportunidades, pero sobre todo dirigidas hacia la transformación social que lo beneficie y lo dignifique, y nunca como factor para que lo pierda o lo envilezca. Eso jamás será progreso.
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