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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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12 Marzo 2019 04:06:00
Aborto
Nada de lo que impacta la esfera social nos debería ser ajeno.

Resulta que el Congreso de Nuevo León aprobó, hace unos días, una ley que criminaliza el aborto. Sí, por mayoría los diputados del estado vecino consideran que abortar es un delito, y esto abrió, nuevamente, un polarizante debate.

Por un lado tenemos a quienes defienden el, desde mi óptica, indiscutible derecho de las mujeres a decidir sobre su vida y sobre su cuerpo, y por el otro a quienes consideran que la vida humana inicia desde el momento mismo de la concepción y por lo tanto desde la primera etapa del embarazo se deben defender los derechos del nonato.

Lo notable es que en medio de este debate encontramos posturas tan radicales como la de la senadora de Morena y exconductora de TV Azteca, Lilly Téllez, que sostiene que la mujer que aborta es una criminal, así, sin consideraciones de contexto, sin analizar circunstancias, sin siquiera intentar ver el entorno social y económico, el drama que pudiera estar pasando la mujer que aborta.

Esta postura es indigna, ya no de una legisladora, es indigna de cualquiera con más de tres neuronas funcionales.

Pero también encontramos posturas de franca evasión, como la del senador morenista Ricardo Monreal, que dice que el tema polariza y por eso no le entra a su discusión, o la del propio Andrés Manuel, que sugiere una consulta para que sea el pueblo “bueno y sabio” el que tome una decisión que debería ser de Estado.

En este espacio se lanza una invitación a reflexionar sobre lo siguiente: Las mujeres que deciden abortar, lo van a hacer, sea legal o no. Las que tengan los medios lo harán en una clínica, por ejemplo, en la Ciudad de México, y las que no, se someterán a condiciones y métodos en los que literalmente se juegan la vida.

Se legaliza, no para que haya más abortos, sino para que haya menos muertes. Se trata de una discusión jurídica, no moral o religiosa.

Y si usted cree que el aborto es un atentado contra la vida, no lo haga, nadie la obliga, pero no pretenda, nunca, que otros piensen y hagan exactamente lo que usted. Así de simple.
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