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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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18 Junio 2020 04:07:00
Abrazos o balazos
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La estrategia de abrazos en vez de balazos sigue sin funcionar. El asesinato del juez federal Uriel Villegas Ortiz y su esposa, Verónica Barajas, frente a sus hijas de 3 y 7 años, es el último de los golpes que revelan que el Estado mexicano ha perdido el monopolio del uso de la fuerza.

El presidente López Obrador ha mostrado una actitud de conciliación ante las bandas del crimen organizado, o por lo menos la de “El Chapo”, Joaquín Guzmán Loera. El 29 de marzo rompió los protocolos de seguridad y se acercó a la señora Consuelo Loera, madre del capo en Badiraguato, Sinaloa, para darle la mano y escuchar una petición. Con anterioridad promovió ante el Gobierno de Estados Unidos que se le concedieran a ella, y a dos hijas de él, visas humanitarias para visitarlo. En octubre de 2019 liberó a Ovidio Guzmán, hijo del “Chapo”, después de que se le capturó en un operativo en Culiacán.

Estas son simples anécdotas, por supuesto, pero a ellas hay que añadir las declaraciones del propio Presidente de que ha habido un cambio de paradigma en la estrategia de combate al crimen. En distintas ocasiones ha dicho que está impulsando una nueva política de abrazos y no balazos. Si es así, no estamos progresando mucho.

El asesinato del juez Villegas Ortiz es una señal de la vulnerabilidad de los jueces, policías y funcionarios de las fiscalías ante la violencia criminal. Pero hay otros indicios de que las cosas no van bien, como los homicidios. Si bien quizá se ha aplanado la curva, este año vamos en camino de alcanzar el mayor número de homicidios dolosos desde que tenemos los actuales registros. En enero-abril de este 2020, el país sufrió 9 mil 751 homicidios dolosos, contra 9 mil 607 en el mismo período de 2019. Ya es un aumento de solo 1.5%, mucho menor que los de doble dígito de los gobiernos anteriores, pero la cifra sigue creciendo.

El Presidente ha señalado que quiere dejar atrás la guerra contra el narcotráfico, y yo lo apoyo. Pero no se han despenalizado las drogas, ni siquiera la mariguana, a pesar de los fallos de la Suprema Corte que establecen que la actual prohibición es inconstitucional. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, presentó una iniciativa para despenalizar la mariguana, pero ha quedado congelada. Las autoridades siguen deteniendo a narcotraficantes y provocando violencia.

Hasta este momento, la nueva estrategia parece limitarse a ofrecer abrazos a solo uno de los grupos del crimen organizado, el cártel de Sinaloa, pero sin modificar el marco jurídico. No parece ser la mejor estrategia para enfrentar el tráfico de drogas y la violencia.

Como en todos los demás temas, el Presidente afirma que el asunto ya se resolvió. Como él no es corrupto, y además preside diariamente, a las 6 de la mañana, las juntas del Gabinete de Seguridad, el crimen y la violencia ya no son problema. La realidad, sin embargo, tiene otros datos. El dinosaurio sigue ahí. Y a veces el Presidente demuestra una desconcertante e insensible falta de conocimiento sobre el tema de seguridad, como cuando dice que solo “secuestran al que tiene”.

El asesinato del juez Villegas y su esposa subraya el fracaso de la estrategia. El Presidente no puede tratar de escabullirse diciendo que todo va muy bien. Es verdad que heredó un problema mayúsculo, pero no está haciendo nada para superarlo. Y mientras tanto afirma que gobernar no tiene ninguna dificultad.


Conapred

Dice AMLO que ni siquiera sabía que existía el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, el Conapred. Lo curioso es que nombró a la titular, Mónica Maccise Duhaye, la cual ha asistido a sus conferencias de prensa. Espero que no nos diga, como Pablo Gómez, que no se puede esperar que lea todo lo que firma. o que conozca a todos los que designa a cargos públicos.


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