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Eduardo Brizio
Eduardo Brizio
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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción. Correo Electrónico: [email protected]

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18 Noviembre 2009 04:47:52
Acaba pronto
Siempre duele cuando alguien se va de entre nosotros, pero vaya desde aquí un merecido reconocimiento para Antonio de Nigris, un luchador del balompié

Fueron muchísimos los partidos que compartí con él en el verde césped. Al principio, dada su fortaleza física y corpulencia, pensé que se trataba de un jugador foráneo. Una vez, estando en el vestidor, pregunté a los jueces de línea regiomontanos: ¿De dónde es ese Antonio de Nigris?, no habla como argentino, ni como chileno, ni como uruguayo. ¡Pues cómo va a tener acento extranjero —me comentaron— si es mexicano! ¡Órale!

Era el chamaco sensación de los Rayados; entrón, buen rematador de cabeza y tomaba el riesgo de disparar “como viene” con ambas piernas. Aunque luego, al correr del tiempo, se harían evidentes sus carencias técnicas, las suplía con entrega y pundonor.

No puedo decir que éramos amigos; sin embargo, está claro que Antonio de Nigris era un jugador con el que se podía hablar sin mayores problemas “a calzón quitado”.

En una ocasión en que se traía “pique” con un defensor adversario, me le acerqué para decirle: “Toño, por favor, no me vayas a pudrir el partido”, recibiendo por respuesta una amplia y franca sonrisa, al tiempo que me decía: “No hombre, cómo crees, nomás estoy tratando de que este güey no se crezca tanto”, contestó sonriente y al final así fue, pues la cosa no pasó a mayores.

Por eso me dio mucho gusto cuando por fin lo llamaron a la Selección Nacional y aún más cuando le metió ese golazo a los brasileños, rematando de volea. ¡Como los grandes!

Es frecuente que cuando alguien se nos adelanta en el viaje sin retorno, todos se quieran subir al barco y hablen únicamente de las bondades y cualidades que tenía el difunto; pero creo que no es el caso del Tano, porque ha llegado a ser del dominio público que como ser humano, sus defectos eran ampliamente superados por sus virtudes.

El destino primero lo llevó a convertirse en “el futbolista peregrino” del balompié mexicano, alineando en cualquier cantidad de equipos, desde el conocido futbol de España, hasta el prácticamente desconocido balompié turco, para luego, jugarle una mala pasada y arrebatarle la vida muy temprano, demasiado, lejos del terruño querido.

Hoy en día se afirma que él ya sabía del padecimiento cardiaco que a la larga terminaría con su existencia en Grecia, nación en la que jugaba con el conjunto del Larisa, lo que acrecienta la admiración que se le profesa; en virtud de que tomó la decisión de vivir a tope su pasión por el deporte más bello que existe sobre la tierra, a sabiendas de que cada vez que anotara un gol, podía ser el último.

Siempre duele cuando alguien se va de entre nosotros, pero es especialmente penoso cuando le sucede a un joven en el esplendor de su paso por el planeta azul… ¡descanse en paz!… sólo lo bueno… acaba pronto.
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