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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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30 Mayo 2020 04:00:00
Actitudes violentas
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¿Se ha ido perdiendo la sensibilidad o la capacidad de diálogo entre las personas? ¿Por qué ya nadie quiere respetar a la otra parte? Lo vemos con frecuencia en todas las esferas sociales, institucionales. Cada uno considera tener la razón en algún asunto o actividad, por lo tanto, las diferencias pretenden arreglarlas a su manera.

Basta asomarse a las redes sociales donde una simple opinión ofrecida con respeto, puede llegar a convertirse en un campo de batalla por quienes no comparten el mensaje. Agresiones que van desde la descalificación hasta el insulto. ¡Por supuesto! que quienes insultan empleando un vocabulario por demás vulgar y soez, dejan ver su total desconocimiento del tema que se expone.

Y no solo muestran el desconocimiento y su pésima educación, sino que demuestran su calidad humana, al escudarse en el anonimato.

En estos tiempos de tantos logros y avances; donde la tecnología nos va “empujando” para no quedarnos atrás, nos damos cuenta de que estamos muy pero muy atrasados en algo muy importante: en los valores.

Parecería que nadie desea comportarse con respeto hacia las personas, como tampoco a las instituciones. ¿Qué nos está pasando como seres humanos? Las actitudes violentas se incrementan peligrosamente. Gritos, desorden, violencia están acompañando a las generaciones.

Triste y lamentable pero real.

Lo sucedido recientemente en Minneapolis, donde un hombre fue muerto por asfixia, resulta por demás inaceptable. Se negaba al arresto, dijeron. Sin embargo, George Floyd estaba en el suelo donde un corpulento policía trataba de someterlo. Para lograrlo puso su rodilla en el cuello del individuo sin que los otros policías fueran capaces de intervenir y evitar que el hombre falleciera.

La pésima decisión de los policías ha traído consecuencias. Más violencia, donde el saqueo -aprovechando el momento de ira por lo acontecido- se ha hecho presente.

No es la primera vez que un acto de violencia extrema ocurre. Lo deseable sería que no se repitiera, porque a nadie favorece una situación como la que ocurrió en Minnesota. Ni a los cuerpos policíacos ni a la sociedad.

No puede ni debería haber un distanciamiento entre unos y otros; menos aún, odio. Cada parte debe cumplir con lo que le corresponde hacer. Hay leyes, hay instituciones lo que falta es aprender a respetar.

La violencia contra las mujeres es otro tema pendiente.

Recién, un video, que ha sido bastante difundido, dejó ver la agresión de que fue objeto una señora por parte de un hombre, al parecer su esposo.

El hombre, un notario público en el Estado de México, trataba de quitarle a la señora las llaves de la casa para que no entrara en ella.

Ignoro los motivos reales de esta discusión entre la pareja, pero lo que importa es el hecho. La agresión a una mujer es realmente inaceptable. La violencia física y sicológica a la que se vio sometida la señora del video, en plena calle y frente a “mirones”, hombres que no hicieron algo para evitar el maltrato.

“Es la esposa” dijo uno, no se pueden meter. ¡Ah bueno! Responde otro y siguen mirando sin intervenir, sin llamar a la policía como pedía la mujer. Queda claro que nadie quiere problemas.
¿Cómo es eso? Por Dios. Se trataba de una mujer en problemas que en ese momento era maltratada por un reverendo patán.

Un patán que aspiraba convertirse en embajador en el Vaticano porque el señor resultó ser diácono en una iglesia. ¡Qué vergüenza! “A Dios rogando y con el mazo dando”; domingo de “golpe de pecho”, el resto de la semana, agresor. Abogado de profesión, maestro en una universidad de la que fue destituido por tener antecedentes de acoso a sus alumnas. Notario público y quién sabe qué más.

En ambos casos, en el de George Floyd y en el de la señora, existió la complicidad en dos hechos violentos.

En el caso de Minneapolis, tres policías no fueron capaces de detener la agresión a Floyd que hubiera tenido un arresto y lo que resultara de ello. Se hubiera evitado su muerte.

En el caso de la pareja en el Estado de México, los “mirones” sólo fueron espectadores en una historia que aún no termina.

Ya para concluir mi colaboración de hoy, un caso nuevo se conoce. Otra mujer es golpeada por el esposo, sufriendo fractura en nariz. El golpeador es un político o aprendiz de político.

La violencia se extiende y es muy triste que suceda. No se trata de género sino de valores y éstos están en las actitudes y en el comportamiento de cada uno de nosotros. Hombres o mujeres, todos merecemos el mismo respeto porque somos seres humanos.
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