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Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
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18 Mayo 2012 03:00:19
Acusa a fariseos
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Boadella, en su artículo, acusa de fariseos a quienes, horrorizados por las crueldades taurinas, piden que se cierren las plazas y sin embargo no tienen empacho en atragantarse de sabrosas butifarras catalanas. ¿Qué requiere la elaboración, en la actualidad, de esta exquisita delicatesen mediterránea? Que 10 millones de cerdos vivan “toda su existencia en apenas dos metros cuadrados, mientras intentan equilibrar constantemente sus patas sobre unas rejas por las que fluyen los excrementos. Su único movimiento posible se reduce a inclinar ligeramente la cabeza para comer pienso, ya que el transporte al matadero se efectúa en idénticas condiciones”.

No sólo los cerdos son brutalmente torturados para satisfacer el caprichoso paladar de los humanos. Prácticamente no hay animal comestible que, a fin de aumentar el apetito y el goce del comensal, no sea sometido, sin que a nadie parezca importarle mucho, a la barroca diversidad de suplicios y atrocidades, desde el hígado artificialmente hinchado de las aves para producir el sedoso paté, hasta las langostas y los camarones que son echados vivos al agua hirviendo, porque, al parecer, el espasmo agónico final que experimentan achicharrándose condimenta su carne con un plus especial, y los cangrejos a los que se amputa una pata al nacer para que la otra se deforme y agigante, y ofrezca más alimento al refinado degustador.

¿Y qué decir de la caza y de la pesca, deportes tan extendidos como prestigiosos en los cinco continentes? Es verdad que en los países anglosajones, en especial aquí, en Inglaterra, hay periódicas campañas contra la casa del zorro, animal que es despanzurrado por millares en cada estación apenas se levanta la veda, por el puro placer del cazador de matar a balazos un animal cuya carne no se va a comer y con cuya piel no se va a abrigar.

Pero también es cierto, que si su reproducción no fuera de algún modo contenida dentro de ciertos límites, terminaría provocando verdaderas catástrofes ecológicas. Y en cuanto a la pesca, actividad que hasta ahora, que yo sepa, con la sola excepción de la caza de ballenas, ¿no ha movilizado en su contra a los militantes del Frente de Defensa Animal ni a los pacifistas a ultranza? Recomiendo a los amantes de literatura sádica –y sobre todo a los practicantes del sadismo- “La Pesca Recreativa y las Corridas de Toros”, publicado por la Fundación Wellington, abril 2004, que describe los pormenores de la pesca del lucio en un río que caracolea entre las montañas suizas. Aunque es silente (silencioso o callado) y no corre la sangre, la operación es de un tal refinamiento en el ejercicio de la crueldad que pone los pelos de punta, sobre todo al final de la larga agonía, cuando el pez, con el paladar ya destrozado por el anzuelo de triple punta, va muriendo asfixiado, con los ojos saltados y atónitos, entre coletazos que se apagan en cámara lenta.

Hasta la próxima
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