×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
02 Octubre 2019 04:05:00
Adiós vacas gordas
Los gobiernos divididos debilitan a los presidentes y los obligan a ceder ante las oposiciones, lo cual es normal en democracias consolidadas; la nuestra aún es balbuciente, pues el PRI monopolizó el poder durante 70 años y retrasó el proceso. Pero mientras los últimos cuatro mandatarios lidiaban con Congresos dominados por fuerzas políticas contrarias a la suya, los gobernadores cobraban fuerza y ejercían el cargo a sus anchas, sin contrapesos y sin rendir cuentas a nadie; ni al presidente ni a la Secretaría de Gobernación como antaño.

Los ejecutivos locales aprovecharon la ocasión para sacar tajadas presupuestarias cada vez más grandes a los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto. Sin embargo, el aumento en participaciones, fondos federales e ingresos petroleros no siempre se reflejaron en infraestructura, obras y servicios. Adicionalmente, dispararon las deudas de sus estados; el caso más escandaloso fue el de Coahuila. Humberto Moreira contrató créditos por más de 36 mil millones de pesos, la mitad de ellos de manera irregular, sin informar al Congreso ni a los coahuilenses dónde y cómo los iba a gastar.

Cada año por estas fechas, los gobernadores y “sus” diputados negociaban mayores asignaciones para sus estados y universidades, algunas de las cuales servían como cajas menores para campañas políticas y otros fines. La federación metía mano también en las instituciones públicas de educación superior para urdir fraudes como “La Estafa Maestra”. El desfile por el Congreso continúa, pero las circunstancias y los actores son otros.

Como primera fuerza en las dos legislaturas anteriores, en cada una con más de 200 curules, el PRI controló la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, encargada de dictaminar el gasto federal y de distribuir dinero a los estados. A la hora de partir el pastel, los gobernadores priistas siempre eran los primeros en la fila y los más beneficiados. En la 63 legislatura, última de Peña Nieto, la mayoría de los diputados de Coahuila eran del PRI, y dos fungían como secretarios de la poderosa Comisión de Presupuesto: Jericó Abramo y Javier Guerrero, a quienes el entonces gobernador Rubén Moreira siempre bloqueó por interponerse en sus planes sucesorios.

Moreira era un gobernador influyente. Las delegaciones federales dependían de él y el presidente Peña Nieto toleraba todos sus excesos. Además, antes había sido diputado junto con Luis Videgaray, quien presidía la Comisión de Presupuesto y más tarde ocuparía la Secretaría de Hacienda. Esa red de intereses y sus “aportaciones” como operador político, le aseguraron un escaño de representación proporcional en el Congreso, a pesar de haber incrementado la deuda pública y de desviar 475 millones de pesos a empresas fantasma, de acuerdo con la denuncia penal presentada por la Auditoría Superior del Estado el año pasado.

Rubén Moreira es un político venido a menos. Su esposa Carolina Viggiano obtuvo la secretaría general del PRI en un proceso fraudulento, según Ivonne Ortega, quien acusó al exgobernador de Coahuila de haberla amenazado. Miguel Riquelme, quien carga con la herencia del clan –deuda impagable, masacres y desapariciones forzadas impunes, desprestigio–, le ha cerrado espacios a Rubén, cuya intemperancia obliga a enviar señales inequívocas sobre quién está a cargo del estado.
Imprimir
COMENTARIOS


6

  • 8 9
  • 7
1
3 4
5 6 7 8 9 60 61 62 63 64 65