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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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12 Junio 2009 03:58:49
Adolescentes que votan
Las primeras elecciones razonablemente democráticas ocurrieron en 1997. En ellas, el PRI perdió el control de la Cámara de Diputados, y se derrumbó el régimen de la Revolución. En 2000, el PRI perdió la Presidencia, pero las expectativas insatisfechas en ese gobierno llevaron a que en 2003 la elección fuese poco concurrida. En 2006, finalmente, tuvimos un proceso muy polarizado que terminó con gran enojo de quienes no ganaron, y adujeron un fraude del que jamás pudieron ofrecer una prueba. Doce años de elecciones razonablemente democráticas.

En estos tiempos acelerados, a los 12 años ya se está en plena adolescencia: todo molesta, nadie nos entiende, el mundo está en contra nuestra. Algo así, según parece, ocurre con algunos ciudadanos, que con apenas 12 años de ejercer su voto en condiciones razonables han decidido hacer un berrinche, instalados en su adolescencia ciudadana. No me gustan las imágenes que hacen coincidir la vida social con la de un individuo, pero en este caso no parece haber mucha duda.

Llevamos 12 años de que terminó el régimen anterior, y no hemos podido establecer bases sólidas para uno nuevo. En esos 12 años no se han podido tomar decisiones de largo plazo, porque las reglas políticas no lo han permitido. En estos 12 años no hemos tenido mayoría en el Congreso. Esto no hubiese ocurrido si tuviéramos un régimen parlamentario, pero tampoco si nuestro régimen presidencial fuese bipartidista, como lo es en el único país en que este tipo de régimen funciona: Estados Unidos. Sin mayoría, del gobierno o de la oposición, no hay proyecto político que pueda implementarse, y simplemente va pasando el tiempo.

En esta docena de años, hemos tenido la suerte de que la economía no se derrumbara. Hoy enfrentamos una crisis global, que nos pega muy duro, pero que no ha sido resultado de nuestras propias decisiones. Es decir, hemos administrado estos 12 años razonablemente bien, pero no hemos tomado decisiones de fondo.

La Legislatura que inició en 1997 no podía hacer mucho: la lucha política hacia el 2000 y la novedad del pluralismo impedían decisiones profundas. Las dos legislaturas del sexenio de Vicente Fox tampoco pudieron decidir, pero por otras razones. El PRI estaba seguro de no haber perdido el primer lugar, estaban convencidos de que sólo le habían prestado a Fox la Presidencia, y que la recuperarían en 2006, como lo reconoció Beatriz Paredes en el más reciente aniversario de ese partido. No tenían incentivo alguno para negociar, pero tampoco tenían con quien hacerlo. Vicente Fox decidió muy rápidamente no mover demasiado las cosas, porque no se sentía con la fuerza política para tener éxito, y la poca que tenía la perdió en Atenco.

La primera Legislatura, en la historia de este país, que actuó de manera autónoma y tomó decisiones es la que está terminando su existencia. La única comparable es la primera de la República Restaurada, allá por 1867. Los actuales diputados y senadores, así como los ve usted, pudieron discutir sobre temas muy importantes del país y tomar decisiones. Malas decisiones en casi todos los casos, pero en comparación con más de un siglo de subordinación, es sin duda un avance.

Pero esto resulta insuficiente para las “buenas conciencias”, como las llamó Mauricio Merino el miércoles aquí mismo. Para quienes gozan de esa superioridad moral (como dijimos hace una semana), los políticos son los causantes de todos nuestros males, todos ellos son iguales y no hay más remedio que hacer berrinche. No se puede hacer más que lo que se hace con los adolescentes: allá ellos. La adolescencia se cura con el tiempo, aunque no sé si ocurra lo mismo con el símil al que nos referimos.

Sí hay un problema serio en la política mexicana, y es la incapacidad de construir nuevas reglas de operación. Varias de estas reglas están en la mente de algunos de los proponentes del voto nulo: candidaturas independientes, eliminación de plurinominales, reelección legislativa. Otras son un poco más técnicas, pero igualmente importantes: veto presidencial, legislación obligada, construcción de mayorías. Las reglas que hoy tenemos son producto de un régimen autoritario que fue cediendo espacios hasta que se derrumbó: no fueron hechas para la democracia, por eso no funcionan.

Pero eso no se arregla anulando la opinión, sino al contrario. Igual que la adolescencia no se supera anulando al mundo, sino aceptándolo como es. Hay dos caminos para avanzar: que un partido obtenga mayoría para poder impulsar un proyecto político o que quienes tienen energía renovadora la utilicen para promover una coalición que actúe como mayoría. Habrá quienes digan que esto es imposible, que los partidos no escuchan. Están equivocados: los partidos ya han propuesto iniciativas en la línea que mencionamos. Lo que no ha podido hacerse es construir mayorías alrededor de ellas, en buena medida porque ese ánimo anulador, que hoy de pronto surge, ha brillado por su ausencia durante estos 12 años. Menos berrinche, más presión.

http://www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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