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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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23 Julio 2020 04:00:00
Afores reformadas
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Primero la buena. Las versiones de que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador se apropiaría de las pensiones de los trabajadores para financiarse con ellas, como hizo en Argentina el régimen de Cristina Fernández, han caído por tierra. No hay un intento tampoco por eliminar el sistema de cuentas individuales: no desaparecen las Afores, tan cuestionadas por la izquierda durante tanto tiempo, sino que se fortalecen.

Ahora las malas. Se reduce el número de semanas para obtener una pensión mínima de mil 250 a 750 semanas, o sea de 24 a 14 años, lo cual quiere decir que una persona podría jubilarse con solo 14 años trabajados, sin que se diga cuánto va a costar al erario. Por otra parte, sube la aportación de los patrones de 5.15% a 13.87% sobre los salarios, lo cual encarecerá de manera muy importante el empleo formal.

La reforma, elaborada en buena medida por el secretario de Hacienda Arturo Herrera, no es mala en términos generales. Para empezar, era necesaria, porque los trabajadores que se empezaran a jubilar con la ley de 1997, iban a tener pensiones muy reducidas. No es un retorno al viejo sistema de reparto que llevó a la quiebra al IMSS y al ISSSTE, sino un fortalecimiento del sistema moderno de cuentas individuales. Contó con el apoyo decidido, crucial, de Carlos Salazar del Consejo Coordinador Empresarial y el respaldo también de Carlos Aceves del Olmo de la CTM, en representación de los sindicatos.

La reforma parte de la aceptación del hecho que las aportaciones hechas a las Afores son demasiado pequeñas para garantizar una pensión digna. La reforma las eleva de 6.5% a 15% de los salarios, aunque solo se incrementa la patronal, de 5.15% a 13.8%. Los trabajadores seguirán pagando el mismo porcentaje, 1.125 por ciento, mientras que el Gobierno continuará con su modesto 0.225%, solo que este monto se dedicará enteramente a los trabajadores que ganan hasta cuatro salarios mínimos y no a los demás.

El principal problema de la reforma es que encarece una vez más a los trabajadores formales. Muchos políticos piensan que los patrones son muy prósperos y pueden darse el lujo de aumentar 168% sus aportaciones a las pensiones. Pero la realidad es muy distinta. El 95.4% de las empresas mexicanas son micros con 10 trabajadores o menos; 3.6% son pequeñas y 0.8% medianas. Todas ellas tendrán problemas por este aumento. Solo el 0.2% son de gran tamaño.

Una de las posibles consecuencias negativas de la reforma es que puede reducir la contratación de trabajadores formales ante la elevación del costo social. La reforma puede generar así un incremento de la informalidad, que está recibiendo un respaldo cada vez mayor del Gobierno, lo cual reducirá al final el número de trabajadores con pensiones. Si se mantiene la creación de empleos formales, es probable que aumente el número de trabajadores registrados en el IMSS con sueldos inferiores a los reales.

Lo positivo es que el Gobierno no ha tratado de apoderarse de las pensiones ni ha regresado al sistema de reparto que teníamos antes de la reforma de 1997 y que resultaba insostenible. Son decisiones positivas cuya importancia no podemos soslayar.



Estrellita

“Si se trata de poner estrellitas –dijo ayer el Presidente– yo diría que le correspondería antes que a nadie a Carlos Salazar, presidente del Consejo Coordinador Empresarial. En los últimos tiempos nos distanciamos. y, sin embargo, él continuó trabajando”. Es un reconocimiento importante. Otros dirigentes empresariales habrían mantenido la “sana distancia” y habrían fortalecido las posiciones de los radicales que querían estatizar las Afores.
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