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20 Diciembre 2018 04:05:00
¡Ah, la madre!
A veces creo que Andrés Manuel López Obrador nunca tuvo madre. Y no porque haya nacido de probeta, sino porque ya ha demostrado más de una vez que no entiende ni tantito cómo funcionan las madres mexicanas.

Por ejemplo, para combatir el crimen y bajar la delincuencia que hay en el país, nuestro amado líder cabecita de algodón, papada vaginal, pretende usar un arma secreta: las jefecitas chulas. Según el santo apóstol de la Cuarta Transformación, como él ya es el Presidente ahora todos los mexicanos somos buenos, nobles, decentes y honestos. Y los que no, pues serán corregidos por sus propias mamacitas. A mí me gustaría tomar la misma medicina que se desayuna Andrés Manuel y que le permite alucinar que la madre de un huachicolero va ir a decirle a su muchacho:

–Mijo, ya no huachicolees. ¿Qué no ves que Andrés Manuel ya nos hizo buenos a todos?

–Pero, jefa, es que el negocio es muy bueno. Además, ¿no dice AMLO que los hidrocarburos son de todos los mexicanos? Pues yo estoy tomando mi parte y, hasta eso, la estoy vendiendo bien barata.

–Pues sí, mijo, pero no está bien. ¿Qué van a pensar los vecinos que también se dedican a robar gasolina y diesel? Imagínate las murmuraciones de tu tía Eduviges, que ya sabes que es bien chismosa y argüendera. Con eso de que en todo el día no hace nada más que cuidar a los secuestrados de tu tío Adán, pues tiempo le sobra para andar inventando chismes de los demás.

–Tienes razón, jefecita, ya no debo robar combustible.

–¡Ay, Santo Niño de Macuspana! Qué bueno que ya estás entrando en razón. Nuestro querido Presidente es muy sabio y por eso dijo que nosotras, las madres de México, podríamos ayudarlo a combatir la delincuencia.

–Pues sí, jefa, pero ahora que deje el huachicoleo ¿de qué voy a vivir? Ya ve que los pañales del Brayan están re caros. De algún tengo que sacar pal’ chivo.

–A ver, mijo, ¿estudias?

–Pos’ no, jefa. Usted me puso a vender chicles en las esquinas antes de acabar la secundaria.

–Y, dime, corazón, ¿trabajas?

–¿El huachicol es trabajo?

–No, no, no. Ya quedamos que vas a dejar de huachicolear.

–No, pues entonces tampoco tengo trabajo.

–¡Ya ves! Ni estudias, ni trabajas. ¡Eres un nini! Y sólo por eso nuestro querido Presidente te va a dar una beca.

–¿En serio? ¡Órale! ¿Y usted cree que con eso me alcance, jefa?

–Pues yo espero que sí, mijo. Si no, tenemos dos opciones. La primera es que le pido a tu hermano que te atropelle con su taxi pirata y que te deje bien mocha la pata.


–¿Y eso para qué?

–Ay, mijo, pues porque así recibirías otra beca: la de discapacitado. Y nomás porque no te puedes embarazar, sino hasta al padrón de madres solteras te inscribía hoy mismo.

–¿Y cuál es la otra opción que ve para mí, jefecita?

–Pues que te dejes de tonterías y te unas al negocio familiar. Desde tu abuelo hemos vendido fayuca y piratería, y tú nomás no quieres seguir con la tradición. Ándale, deja de andar de huachicolero y te pongo tu propio negocito de vinos y licores piratas. ¡Vieras cuánto dinero deja el trago! Ah, pero eso sí, te advierto una cosa: en el negocio del alcohol adulterado no se fía. Hay que cobrar por adelantado.

–¿Por qué la gente es muy transa, jefa?

–No, porque luego con el etanol se quedan ciegos y ya no quieren pagar.

–¡Ah, la madre!

Por cierto, me informan que la Madre Tierra ya le contestó a AMLO lo del permiso para hacer el Tren Maya: ¡le aventó una chancla!

Esta columna se la dedico a mi abuela Emma, que fue a toda madre, le encantaba andar de vaga y ayer decidió irse de paseo eterno.

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