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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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10 Agosto 2010 03:30:39
Ahorro y crecimiento
"Hay muchas cosas que ocurren en la economía que van en contra de la intuición y de las creencias. Por eso las discusiones económicas entre cuates suelen complicarse, porque el famoso sentido común no siempre va en la dirección correcta "

Tal vez el caso más notorio de esa dificultad sea el del ahorro. Estamos acostumbrados a pensar que el ahorro es algo bueno, porque permite acumular para cuando haga falta. La famosa fábula de la hormiga y la cigarra enseña precisamente eso. Sin embargo, cuando se ve la economía en su conjunto, el ahorro no es algo “bueno”. Cuando las personas ahorran lo que están haciendo es consumir menos de lo que podrían. Precisamente la parte de su ingreso que no consumen es su ahorro. Pero eso significa que una parte del ingreso del país no se está utilizando para consumir y, por lo tanto, las ventas son menores de lo que podrían ser. Es decir, cuando en un país crece el ahorro, la economía se contrae. Visto así, resulta que incrementar el ahorro de las personas tiene un costo en el crecimiento.

Esto no tiene nada de sorprendente si recordamos que ahorrar es exactamente eso: reducir nuestro gasto de hoy para tener mayor gasto en el futuro. Pero por alguna razón extraña, nos parece que a nivel agregado podríamos tener un resultado diferente, es decir, incrementar al mismo tiempo el ahorro y el crecimiento. Bueno, pues eso no se puede.

Por ejemplo, una gran cantidad de personas, incluso muchas que escriben en periódicos, no sólo en México, sino en muchos países, incluyendo diarios tan famosos como el New York Times o el Financial Times, insisten en que debemos reducir nuestros niveles de consumo, y al mismo tiempo demandan que se reduzca la tasa de desempleo. Es decir, quieren que al mismo tiempo crezca el ahorro (porque el consumo se reduce) y que crezca la economía (para reducir el desempleo). Bueno, pues no se puede.

Ambas peticiones pueden ser correctas. No dudo que los humanos consumimos de manera exagerada, cosas que no necesitamos y cosas que desperdiciamos, pero si reducimos nuestro consumo entonces habrá menos ventas y, por lo tanto, menos empleos. Me dirán que eso no es así, porque se pueden producir otras cosas. Pues no, porque nadie produce cosas que no se venden (salvo los gobiernos, claro). El movimiento a favor de un menor consumo tiene varias virtudes, pero también tiene costos, y el más importante de ellos es que implica una reducción de la economía.

El ahorro es dañino para el crecimiento, aunque puede después más que compensar esos daños. Cuando el ahorro se transforma en inversión, entonces produce crecimiento, y si la inversión resulta exitosa, producirá más crecimiento en el futuro del que se perdió en el presente al ahorrar. De eso se trata el ahorro, de que en el futuro podamos tener más de lo que perdimos en el presente. Nada más que para que eso ocurra el ahorro tiene que transformarse en inversión, y eso no es nada simple.

Si usted ahorra, pero guarda su dinero bajo el colchón, cuando lo quiera gastar comprará menos de lo que hubiese comprado antes de ahorrarlo. La inflación se comerá sus ahorros. Si lo guarda en el banco, en alguna de las cuentas que permiten retirar en cualquier momento, le pasará lo mismo, porque las tasas que pagan son menores a la inflación. Por eso, cuando uno quiere ahorrar en serio, el dinero lo tiene que poner en eso que ahora se llama “fondos de inversión”. Pero estos fondos pueden ganar o perder. Si todo sale bien, usted ganará, pero puede no salir bien. Incluso los mejores fondos de inversión (como los que usted puede utilizar a través de su Afore) pueden tener momentos espantosos, como ocurrió a inicios de 2009. En estas inversiones, en el largo plazo no tendrá usted problema, pero sí hay momentos de miedo.

La razón por la que estos fondos pueden dar más rendimiento, pero también implican más riesgo es porque se trata precisamente de inversiones. Y las inversiones son riesgosas. Siempre. Por eso transformar ahorro en inversión no es un asunto trivial.

Todo esto que le comento viene a cuento porque hay algo que al parecer no se entiende en este proceso de recuperación de la economía mundial. Como usted recuerda, el origen de la crisis fue un exceso de gasto de los habitantes de las economías más grandes del mundo: Estados Unidos, Inglaterra, España, etcétera. En esos países, la economía crecía, las tasas de interés eran bajas y la gente fue incrementando su consumo. Por ejemplo, en Estados Unidos el ahorro de las personas normalmente estaba entre 8 y 10% de su ingreso. Esta tasa empezó a caer en la segunda parte de los años ochenta, y esa caída fue en parte responsable de la etapa de expansión más larga en Estados Unidos a partir de 1991. La reducción en el ahorro no se detuvo ni con la crisis de 2001 (la recesión “dot com”). Para 2005, el punto más bajo de ahorro, la tasa era de 1.4% del ingreso.



Si consideramos que además de ahorrar las personas se endeudan, el ahorro neto fue negativo desde 2001 hasta 2007, sumando casi 21% del PIB estadounidense. Es decir, durante esos siete años los vecinos se gastaron más de lo que ganaban, y por eso su economía crecía. Exactamente el movimiento opuesto al que ocurre cuando uno ahorra, y la economía deja de crecer.

Bueno, pues cuando los agarró la crisis, sin ahorros y con deudas espeluznantes, los estadounidenses se espantaron, y llevan dos años ahorrando. Todavía no llegan al nivel de 8% de los años sesenta, pero ya están en 6% de su ingreso. Además, han reducido su endeudamiento en estos dos años en casi 9% del PIB. Indudablemente esto es bueno, porque les permite sanear sus finanzas y ahorrar para su vejez, algo que todos debemos hacer. Pero mientras lo hacen, el consumo cae, las ventas caen y la economía deja de crecer.

En consecuencia, si la economía estadounidense no crece no es problema de que falten estímulos del gobierno, o de que se tengan que bajar impuestos. Es que los hogares estadounidenses están corrigiendo sus excesos de los años anteriores. Pero ya no hay espacio, le sigo el jueves.

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