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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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01 Marzo 2020 04:04:00
Álbum de la semana: St. Thomas Aquinas. Spotify.
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Las dulces voces despuntan como una luz al amanecer iluminando todo. El sonido del órgano y del piano envuelven, abrigan, sustentan las palabras que emanan de cada una de las voces. Los instrumentos están indefinidos y presentes en la sala, los escuchamos desde todas partes y a todo lugar.

Las voces habitan entre acordes, entre líneas melódicas del sonido aflautado del órgano, del etéreo piano.

Una textura que se entreteje dando como resultado un tejido de sonidos suaves, aterciopelados, vivificantes.

Todo lo que escuchamos son susurros angelicales que descienden en una anunciación de lo divino en el arte musical.

Da Pacem entonan las voces blancas, sin el vibrado afectado del canto operístico. Son diáfanas, cristalinas, mientras una voz grave da cuerpo a la oración.

Charles Gounod, el gran compositor operístico, nos deja el Da Pacem; André Caplet, el excelente compositor quizás opacado por el genio de su amigo Debussy, nos regala un Panis Angelicus tan profundo, que sentimos en sus tensiones armónicas como nuestro interior se transforma hasta volver a reposar en resoluciones armónicas que merecen ser experimentadas una y otra vez. Tantum ergo: veneremos, pues, inclinados ante tan grande sacramento.

Un texto que está presente en este disco en composiciones por parte de Ettore Pozzoli, Jean-Baptiste Fauré y por supuesto, junto a este texto, el otro, Pange Lingua, también compuesto por Santo Tomás de Aquino se revelan en un álbum que no tiene ni un momento en el que asome este siglo, lo mundano. Es un éxtasis que eleva. Sí, quizás el éxtasis religioso tenga mucho de carnal, si recordamos el erotismo, de Georges Bataille, pero pronto nos olvidamos de pensamientos semejantes y la música vuelve a abrazarnos cuando el siglo 13 se revela en la composición de Santo Tomás de Aquino, no sólo recordado por la filosofía y su Summa Theologiae, sino por estas composiciones que nos rebasan, nos conmueven hasta el llanto, al menos a un servidor que no pude evitar que las lágrimas surcaran mis mejillas.

Aquí, en este momento del álbum el piano, anacrónico, nos hace pensar en lo eternal de la música. De la verdadera música. Es una epifanía, pero cuatro piezas más, una de ellas anónima, entre otras que componen el álbum, faltan por revelarse y yo estoy ansioso por escuchar. Ansioso porque ustedes escuchen también. 
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