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Marcelo Torres Cofiño
Marcelo Torres Cofiño
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Marcelo Torres Cofiño es miembro del Partido Acción Nacional desde 2006, fue Diputado Federal del Estado de Coahuila en la LXII Legislatura. Fue Presidente del Partido Acción Nacional y actualmente es Diputado Local, coordinador del grupo parlamentario del PAN y Presidente de la Junta de Gobierno en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila.

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30 Septiembre 2018 04:00:00
¿Algo cambió?
Doce años de moreirato dejaron importantes secuelas en nuestra entidad. No sólo es la infame deuda de más de 40 mil millones de pesos ni el encubrimiento de Rubén a Humberto ni las empresas fantasma del, ahora, diputado federal: es el deterioro de la infraestructura carretera, la pérdida de empleos y la pobre inversión pública en rubros que son estratégicos para potenciar la competitividad del estado. Por eso es indispensable caracterizar el moreirato para impedir a toda costa que algo similar nos vuelva a ocurrir.

Los Moreira basaron su gobierno en un culto a su persona; baste recordar que Coahuila estuvo incluida entre los estados que más gastaron en publicidad oficial, de hecho, hubo años en que lideró el rubro. Nada más en 2017 Rubén Moreira excedió 170% el monto presupuestado, que ya de por sí era grosero. Pero, para los hermanos, ningún peso destinado a difundir su imagen resultaba un desperdicio, porque los coahuilenses podrían estar sufriendo las consecuencias de la violencia o de la falta de medicinas en los hospitales, pero nada de eso era más importante que colocar sus nombres y sus caras en cuanto lugar les fuera posible.

Aunado a lo anterior está el control de medios: Humberto y Rubén, cada uno a su manera, hicieron todo lo posible por combatir a los medios que los cuestionaban y por manosear la línea editorial de periódicos, radio y televisión en el estado. Por supuesto que no todos cedieron a las presiones y muchos lograron interesantes equilibrios entre su postura y la agenda oficial, pero muchos terminaron convertidos en verdaderos megáfonos de los hermanos, y en arietes desde los que se atacaba a los adversarios políticos.

Tejer y consolidar redes clientelares era otra característica central del moreirato, y esto se hacía a través de la dádiva condicionada. La forma más reconocida era la que tomó durante el sexenio de Humberto con los programas De La Gente, marca que también estaba vinculada con eso del culto a la personalidad. Y aunque la deuda impidió que Rubén continuara de manera tan masiva con ese tipo de programas, no los dejó del todo, pues eran necesarios para tener perfectamente aceitada su maquinaria electoral.

Otra característica, derivada de la anterior, era el control total del Legislativo del estado. No sólo era la mayoría avasallante de diputados del PRI que llegaban gracias a la compra de votos, sino, también, el hecho de que eran los hermanos, y particularmente Rubén, el que legislaba en la entidad, haciendo de los diputados de su partido –y de aquellos que se vendieron al moreirato– unos auténticos lacayos. Así, quedaba anulada la división de poderes, cosa que también
ocurría con el Poder Judicial, de donde no sacaron las manos en ningún momento los hermanos Moreira.

Por último, cuerpos policiales creados para amedrentar, no a los delincuentes, pues Coahuila es el cuarto estado con mayor impunidad, sino a la ciudadanía crítica y participativa; así como a los miembros de la oposición. No fue gratuito que los mal afamados Gates y luego Fuerza Coahuila, lideraran las quejas por sus frecuentes violaciones a los derechos humanos.

Como se puede observar, lo que vivimos en Coahuila durante el moreirato fue un régimen de marcado autoritarismo, que dejó la entidad con los graves problemas que todos sabemos. Por eso, luego de 10 meses de quedar fuera del poder es necesaria la pregunta: ¿algo ha cambiado? Si la respuesta es “no”, entonces, hay que hacerlo cambiar, porque si queremos un Coahuila diferente, no debemos ser indiferentes.
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