×
Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
ver +

" Comentar Imprimir
30 Junio 2019 03:00:00
Allende, herida abierta
Ofrecer disculpas hubiera resultado un recurso simplemente retórico. Insuficiente, por supuesto. En nada ayudaría, ni mucho menos serviría de consuelo a los deudos de las víctimas, a quienes perdieron un hermano, un padre, un hijo, un sobrino o un amigo. Ante tragedias de esa magnitud sobran las palabras, pero gracias a un punto de vista compartido por los tres niveles de Gobierno, la ceremonia habida en Allende, Coahuila, el jueves anterior, pasó de ser un acto meramente protocolario para convertirse en un compromiso expresado en público y difundido por los medios de comunicación.

El que el Estado –considerado como un todo incluyente de todas las instancias de Gobierno– reconozca que en un momento quienes lo formaban fueron omisos ante un acto delictivo o, en el peor de los casos, estuvieron coludidos con quienes lo perpetraron, es ya un primer paso. Es, en otras palabras, el reconocimiento de la culpa, la cual seguirá viva mientras no se haga justicia.

En Allende se fue más allá con la promesa de investigar en serio qué ocurrió y qué autoridades se vieron presumiblemente involucradas. Al hacer uso de la palabra, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, fijó la posición del actual Gobierno frente a los días de terror y muerte que vivieron los habitantes de Allende hace ocho años:

“Estas autoridades –dijo–, durante la masacre y a pesar de las llamadas de auxilio, tomaron la decisión de no intervenir; peor aún, funcionarios públicos levantaron a pobladores y los entregaron a esta organización criminal (la de los Zetas) sabiendo cuál sería su destino”. Más adelante se comprometió a “seguir investigando hasta encontrar a los
culpables”.

El gobernador del Estado, ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, compartió la postura y el compromiso de la secretaria Sánchez Cordero al reconocer que la matanza fue ejecutada “con la complicidad del Estado”.

Habrá quienes, escépticos, consideren que estos fueron solamente discursos, palabras pronunciadas al calor del cumplimiento de una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Sin embargo, lo que en Allende se dijo el jueves quedó documentado en los medios impresos y por lo tanto podrá en cualquier momento reclamarse a las autoridades el incumplimiento de sus
compromisos.

La masacre de Allende es una de las páginas más negras en la historia de Coahuila. La vesania de sus ejecutores y la pasividad de las autoridades, ya fuera por omisión, por miedo o por complicidad, potencia su horror. El único crimen masivo comparable fue la matanza de los chinos en Torreón en mayo de 1911 durante la Revolución Maderista. El número de víctimas fue de 303. (En Allende, a ocho años de distancia, aún no se conoce la cifra exacta de personas asesinadas).

Las autoridades federales y locales tienen la ineludible obligación de ahondar las investigaciones de lo ocurrido hasta donde ello sea humana y técnicamente posible, y castigar a quienes resulten culpables, sean delincuentes o autoridades.

Es ilusoria la tentación de dar vuelta a una hoja que, como esta, chorrea sangre, lágrimas y justa indignación. Allende es un capítulo denigrante en la historia de Coahuila. Por la salud mental y social del estado resulta necesario que se cumplan las promesas hechas el jueves anterior. El compromiso está hecho y publicado y contra lo que opinan muchos, los mexicanos sí tenemos memoria y la tenemos más cuando se trata de heridas que se niegan a cicatrizar.
Imprimir
COMENTARIOS


6

  • 8 9
  • 7
1
3 4
5 6 7 8 9 60 61 62 63 64 65