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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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31 Diciembre 2019 04:07:00
AMLO, el primer año
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El enfado con el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) por la forma de conducir al país es justificable y patente, sobre todo en los sectores alineados al PRI, al PAN y a otras corrientes. Igual puede haber frustración entre quienes votaron por él esperanzados en un cambio tantas veces prometido, pero jamás cumplido, o bien para castigar a un sistema intoxicado por la corrupción, la impunidad, la arrogancia gubernamental, el cinismo, el enriquecimiento de políticos de todo signo partidista y el predominio de las élites económicas.

AMLO llegó a su primer informe con una aprobación de 70% (Reforma), pero la violencia en el país y los sucesos en Culiacán, Sinaloa, (la liberación de uno de los hijos del Chapo Guzmán), y Bavispe, Sonora, (el ataque contra las familias LeBarón y Lagnford) le hicieron perder dos puntos. Peña Nieto gastó en su sexenio 60 mil millones de pesos en propaganda e imagen y terminó con un respaldo de 24% (Mitofsky).

El mensaje de los cárteles de la droga al Estado mexicano y a la sociedad civil es inequívoco: llegarán a los extremos necesarios para mantener su comercio inmundo. La declaración de guerra debe ser respondida con inteligencia, entendida como la facultad de comprender y resolver problemas, y la organización del Estado para brindar al Poder Ejecutivo análisis e información que permitan diseñar estrategias y tomar las decisiones más convenientes para prevenir o neutralizar amenazas y defender los intereses nacionales.

AMLO ha cometido errores y aciertos; los primeros se magnifican por su impacto, pero también por la influencia de sus adversarios en los medios de comunicación del país y el extranjero, así como en organismos y corporaciones internacionales. Los fracasos en seguridad y economía son incontestables. Sin embargo, es ilusorio esperar de la Guardia Nacional resultados mágicos. La cancelación del aeropuerto donde ya se habían invertido cantidades ingentes de dinero no la justifica la corrupción inherente. La solución consistía en investigar las irregularidades, procesar a los involucrados y reasignar el proyecto sin comprometer recursos del erario.

Las reformas educativa y energética del peñismo se vendieron como la panacea universal, sin serlo. La primera estigmatizó a los profesores -no todos son Gordillo, Moreira o los bárbaros de la CNTE- y la segunda, pervertida también por la codicia neoliberal, resultaba desventajosa para el país y demasiado provechosa para los intereses privados. Hoy el exdirector de Pemex se encuentra prófugo. ¿Dónde están los combustibles y la electricidad baratos? ¿Dónde los miles de empleos prometidos?

Con la responsable de los programas sociales en prisión y mayor pobreza en el país, ¿cómo defender la política de bienestar del gobierno peñista? En burocracia y corrupción se perdieron carretadas de dinero destinadas a los pobres solo en el papel. Hoy el apoyo económico a jóvenes, ancianos y discapacitados evita intermediaciones; igual puede prestarse a abusos por falta de reglas claras, pero su entrega directa vuelve tangible el beneficio. Otras acciones, basadas en meras sospechas, afectaron el abasto de medicamentos y la atención a niños bajo tratamiento médico, a hijos de madres trabajadoras y a mujeres en situación de riesgo. La corrupción contaminó incluso algunas causas nobles.
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