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Ricardo Alemán
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18 Diciembre 2018 04:06:00
AMLO privatiza la educación
El escándalo es mayúsculo.

Y es que mientras que el nuevo gobierno tira la reforma educativa y regresa las plazas al control mafioso a la CNTE, reduce el presupuesto a la UNAM, al IPN, a la UAM y al Conacyt.

Es decir, el presidente Obrador propina un nuevo golpe a la educación pública, a la investigación y a la cultura, lo que confirma que su preocupación, no es y nunca será acabar con la pobreza por la vía de la educación de calidad.

Y la contradicción es mayor si se toma en cuenta que el nuevo gobierno destina el mayor presupuesto al clientelismo y la dádiva; a regalar dinero y a la compra de conciencias, en lugar de fortalecer la educación pública y la construcción de nuevas universidades de excelencia.

Resulta contradictorio y ofensivo que –primero–, en su iniciativa para cancelar la reforma educativa, el presidente Obrador haya dado señales de pretender desaparecer la autonomía universitaria y luego –una vez que los especialistas se percataron de la tramposa intención–, en el presupuesto lanza un nuevo golpe contra las más importantes universidades públicas; la UNAM, el IPN, la UAM, además del

Conacyt.

Todo lo anterior mientras incrementa al doble el gasto en publicidad oficial –contra lo que había prometido el Presidente, de que ese rubro se reduciría al 50%–; y destina la mayor cifra presupuestal de la historia a programas que sí y sólo sí mantendrán cautiva a la clientela electoral.

Queda claro –para todo el que tenga los ojos bien abiertos–, que sólo se beneficia a las empresas privadas de educación, al reducir la calidad educativa mediante la cancelación de la mayor reforma de la historia y a través de la reducción presupuestal a las más importantes universidades públicas.

Dicho de otro modo, resulta que el Gobierno de Obrador apuesta –en los hechos–, a la privatización de la educación, al llevar a la ruina la educación pública. ¿Dónde está la izquierda que siempre defendió la escuela pública?

Pero la tragedia es aún de mayor –si no es que un crimen–, si se toma en cuenta que también se redujo el presupuesto a la cultura y la

investigación.

Resulta que el presidente Obrador parece peleado con la educación de calidad, con la excelencias en los grandes institutos de investigación y la cultura, cuyos estudiosos e investigadores son algo así como “científicos fifí”. Y, claro, por esa razón deben ser

castigados.

Queda claro que el nuevo gobierno no apuesta por la cultura del esfuerzo y la mayor preparación del individuo sino por la sumisión; le repugna la educación de calidad y la educación científica, para salir de la pobreza y escalar peldaños en la escala social.

Le apuesta al conformismo de la dádiva, la beca, el programa social, la despensa y “el tortibono”, como le llamaba Manuel J. Clouthier al populismo del PRI de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado.

Pero acaso la mayor tragedia es el silencio de los jóvenes universitarios, los que prefieren estirar la mano, antes que salir a las calles a exigir educación de calidad. ¡Se pudre México…!

Al tiempo.
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