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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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05 Enero 2010 04:00:55
Año 2010
Empezamos 2010, después de un año bastante malo. El peor, si lo medimos en términos de la actividad económica en lo general

Pero no es tan malo en cuestión de empleo (se perdieron más puestos de trabajo en 1995, por mucho), ni en asuntos monetarios (la inflación se mantuvo por debajo de 6% durante todo el año, y terminamos prácticamente en 4%, frente a los más de 50 puntos en 1995 o los 100 de 1982). De hecho, el impacto social de 2009 es mucho menor que cualquiera de las crisis previas desde López Portillo, aunque sigue siendo relevante, sin duda.

Pero ya se acabó ese año, y empieza 2010, que para los que gustan de las casualidades numéricas, debería ofrecer un nuevo caso de revolución, como los vividos en los dos siglos anteriores. En esa esperanza, magnifican la crisis de 2009, como si eso fuese a permitir que sus afanes revolucionarios se concretaran. Pero eso de que las crisis económicas llevan a revoluciones no es tan cierto. En la de 1910, no hubo crisis alguna en años anteriores. La más cercana, la de 1907, ya se había terminado. No había inflación, ni pérdida de empleo o capacidad de compra. No había nada en particular, sólo las elecciones de ese 1910, con un candidato viejísimo.

Pero regresemos al presente. Este año debe ser razonablemente bueno, aunque muchos lo vean como un simple rebote estadístico. Para quienes ven incrementarse sus ventas cada mes, el rebote es más que eso, y para quienes tuvieron que enfrentar paros técnicos y ahora tienen trabajo todos los días, lo mismo. Es cierto que la mayor parte de las actividades económicas siguen por debajo del nivel que tenían entre junio de 2007 y junio de 2008, el punto más alto de las economías en todo el mundo, pero también es cierto que hoy todas las actividades en México han superado los bajos niveles de marzo a junio de 2009. Falta mucho, pero hay una recuperación clara.

La inflación sigue sin ser una amenaza seria, a pesar del incremento en tarifas públicas con que iniciamos el año, especialmente en gasolina. El Banco de México había estimado cosa de 5% para el año, y no creo que vayamos a tener una cifra muy diferente por un par de centavos más en el litro de gasolina. Así pues, con la economía en recuperación, lenta, y la inflación controlada, no hay mayor razón para preocuparse por la economía, al menos durante la primera mitad del año.

Hacia delante, las cosas pueden cambiar dependiendo de la producción de petróleo, que como usted sabe es el elemento central de nuestra economía. Los datos de producción a noviembre indican una recaída que, de momento, reduce la posibilidad de estabilidad en Cantarell y, en general, en la producción total de crudo. Esta columna sigue pensando que terminaremos el año con una producción promedio de 2.4 millones de barriles diarios, lo que sólo nos permitirá exportar 900 mil barriles diarios, en promedio. Eso reduce mucho los ingresos de dólares, que además tienen que compensar las importaciones crecientes de gasolina. Por eso son tan absurdas las críticas al alza en el precio del combustible.

Fuera del problema de producción de petróleo, el otro elemento a tener en cuenta es el nivel de precios de los bienes básicos, o commodities. El petróleo ya anda en los 80 dólares por barril, y junto con él van los granos, los metales, y otros bienes que pueden darnos un susto, como ocurrió entre 2006 y 2008. No por fallas internas de nuestra economía, sino porque así funciona el sistema global, pero a fin de cuentas es lo mismo, hay que tener cuidado.

Como puede usted ver, existen más señales buenas para 2010 que malas, aunque cada quien puede ver lo que guste. Sin duda habrá crecimiento, pero será moderado. Habrá inflación, pero también moderada. Habrá crecimiento en el empleo, sin duda muy pequeño comparado con el millón y medio de puestos de trabajo requeridos. Si usted quiere ver el vaso medio lleno o medio vacío, está en su derecho. Hay de dónde.

Los riesgos, reitero, tienen que ver con nuestra producción de petróleo, por un lado, y con el nivel de precios de los bienes básicos en los mercados internacionales. Fuera de esos dos núcleos de riesgo, no parece existir nada que debiese preocuparnos. Puede darse una recaída en la recuperación, pero no se ve tan probable; puede darse un fenómeno asociado al terrorismo, pero tampoco se percibe de alta probabilidad. Y tampoco ve esta columna ni estallidos sociales ni revoluciones en marcha. Pero, como siempre, el futuro no puede conocerse.

Mientras va avanzando el año, esta columna prefiere pensar en que 2010 será un buen año, en lo general, y concentrarse en el factor de riesgo más claro que tenemos: el petróleo. Seguiremos insistiendo en que debemos corregir la dependencia que tenemos de esa materia prima tanto para las finanzas públicas como para las cuentas de divisas. Las decisiones que tomemos para corregir esa dependencia, y lo que hagamos para promover la competitividad del país, es lo verdaderamente importante. Pero para los que gustan de ver vasos medio vacíos, pueden aprovechar, que no tendremos cifras alegres por un rato.

Para esta columna de vasos medio llenos, es preferible desear a todos un feliz 2010, que ya iremos desgranando la información que vacíe los vasos.
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