×
Cholyn Garza
Cholyn Garza
ver +
Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

" Comentar Imprimir
22 Septiembre 2018 04:00:00
Aprendizaje
Todos los días se aprende algo, de eso no hay duda. A lo largo de nuestra existencia nos vamos alimentando de enseñanzas. que ponemos en práctica en ocasiones o bien quedan guardadas en la memoria.

De niños, en el hogar aprendimos a comportarnos ante los demás; a conducirnos con respeto. Era para nuestros padres un verdadero orgullo que alguien se refiriera a sus hijos, resaltando lo bien portados que eran.

La escuela era realmente el centro donde se recibía la instrucción, pero el hogar constituía el lugar donde se formaban las personas, desde su niñez.

De todo esto se ha hablado y escrito de manera extensa, sin embargo, no deja de sorprendernos el comportamiento de personas que parecería no recibieron ninguna enseñanza en el hogar de sus padres; algo que definitivamente no creo, tal vez porque me resisto a creerlo.

Lamentablemente lo que estamos viendo actualmente en la sociedad, no resulta del todo muy halagador que digamos. Ni en la sociedad, ni en las dependencias o instituciones.

Los buenos modales parecería que quedaron atrás, por lo tanto, pertenecen al pasado, mismo que algunos quisieran enterrar.

Por algo se decía que la educación se recibe en casa. Sin importar la condición académica o económica de los padres había algo muy importante que se practicaba diariamente: el respeto.

Ese valor tan importante en las relaciones humanas, que parecería estar en peligro de extinción.

Es muy triste y lamentable escuchar a alguien despotricar en contra de las instituciones, decir que no cree en ellas, fomentar el repudio a ellas.

Cómo no creer en las instituciones si son las que se han constituido para fortalecer al país. Se puede no creer en quienes forman parte de las instituciones pero de ninguna manera atentar contra ellas.

Aquella frase “Al diablo con las instituciones” ¿la recuerda usted? ¿Realmente marcó un antes y un después? Confío que así haya sido porque quien va a gobernar a partir del primero de diciembre, deberá hacerlo desde su investidura para defender a las instituciones, a servir a todos los mexicanos hayan o no votado por él.

Lamentablemente lo que estamos observando no garantiza que así vaya a ser.

En lo personal, hubiera deseado que al Congreso y al Senado hubiera llegado gente preparada; que los levanta dedos tan repudiados, no tuvieran cabida. Que no fuera pretexto negociar posiciones solo para lograr un consenso general.

En una palabra, lo que tanto se criticó en el pasado reciente, lo estamos viendo. El oportunismo no se ha ido. ¿Cómo acabar con la corrupción tan dañina, si a corruptos se les da la bienvenida? Ni explicaciones al pueblo, mucho menos devolución de la fortuna amasada por los señalados.

Las promesas de campaña; los que aún conservamos el sentido común, estábamos conscientes que era difícil convertirlas en realidad. Ya se dijo, que no va a ser posible cumplirlas.

Nada más despreciable que el engaño porque constituye atentar contra la buena fe de un electorado, que quizás no entiende muchas cosas, pero anhela que “ahora sí” llegue alguien a promover un cambio real y verdadero.

Lo que estamos viendo, lamentablemente, no me agrada.

“Encuestitis”; que el pueblo diga si quiere esto o no otro. Se hace la payasada de que bajarán sueldos, que nadie deberá ganar más que el presidente ¡Perfecto! Sin embargo, no creo que un bajo o alto salario garantice que habrá eficiencia.

Y para que exista eficiencia debe haber conocimientos en las áreas asignadas y en todos los niveles. Debe existir sin duda, gente preparada. Eso es lo que México necesita para eliminar a los oportunistas, a los corruptos. Mexicanos que amen verdaderamente al país y no abusen del poder ni se aprovechen de los cargos.

Los Congresos, no son sitios para ir a pelear, menos aún para insultarse; pero tampoco son centros de aprendizaje como cree un legislador que trató de justificar a otro. “Todos venimos a aprender” ¡Por Dios!

Tampoco los Congresos ni oficinas de dependencias deben convertirse en comedores. Para tomar alimentos se establece un horario, receso y se acude a donde se debe ir, un comedor. Si quieren llevar su lonche que lo lleven, pero no hagan el ridículo comiendo en su curul.

Son setenta mil pesos, muy buenos que recibe cada legislador. Llevar su comida al Congreso o a la dependencia, no nos muestra austeridad, sino pésimos modales.

Como si fuera poco, el respeto a nuestros símbolos patrios lo olvidó el diputado Martí Batres, el día del desfile. No se le vio hacer el saludo a la Bandera cuando se encontraba en el balcón de Palacio. El único que ni saludó ni tampoco aplaudió al final del desfile. Quizás creyó que el aplauso era para el presidente Peña Nieto cuando en realidad lo fue para las Fuerzas Armadas, para todos los que participaron en evento.

Tienen razón cuando dicen que tienen que aprender; lamentable que tengan que empezar por comportarse correctamente. ¡Valiente cambio! De dar vergüenza.
.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



0 0 1 2 3 4 5