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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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06 Junio 2019 04:08:00
¡Así es Adolfo!
Poeta, ensayista, narrador, académico de la Lengua, gastrónomo, traductor, editor, conocedor a profundidad de las obras de Michel Montaigne, Alfonso Reyes y Octavio Paz, Premio Nacional de Periodismo, Premio Xavier Villaurrutia, Premio Mazatlán de Literatura, Premio Internacional Alfonso Reyes, Premio Manuel González Ramírez concedido por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México por el rescate de fuentes documentales, viajero incansable, charlista incomparable y dueño de una erudición abrumadora en tres o cuatro idiomas…

Luego de leer su síntesis biográfica, uno no puede menos que preguntarse: Pero, ¿qué no ha hecho Adolfo Castañón? Pregunta difícil de responder cuando se habla de un hombre, la amabilidad personificada, cuya vida ha transcurrido entre libros –leyéndolos y escribiéndolos– y dejando huella de su cultura y creatividad en quién sabe cuántos países del mundo.

El año pasado estuvo una vez más en Saltillo a presentar Grano de Sal y otros Cristales, un libro sobre sus andanzas por los fogones del mundo, que incluye el interesantísimo recetario de uno de sus antepasados, que nos permite asomarnos a las mesas mexicanas del siglo 19.

Sin embargo, aunque preparados para cualquier sorpresa al seguir los pasos de su fructífera y multifacética existencia, Adolfo Castañón conserva la capacidad de sorprendernos. Y lo ha hecho de nuevo con su más reciente publicación: Alfonso Reyes en una nuez, trabajo que representa miles de horas de acuciosa revisión de la oceánica obra del regiomontano.

Alfonso Reyes en una nuez es, ni mas ni menos que el índice consolidado de nombres propios de personas, personajes y títulos que aparecen en sus obras completas. ¡Y cuando hablamos de obras completas alfonsinas hablamos hasta ahora de más de 25 gruesos volúmenes!

Adolfo Castañón se echó a cuestas una tarea merecedora sin exageraciones del adjetivo de titánica. Son miles de nombres y títulos de obras, con indicaciones, cada uno, del tomo y la página de las Obras Completas donde se encuentran. El libro, editado por el Colegio Nacional cuenta con 611 páginas, y constituye una utilísima herramienta no solo para los estudiosos de la obra de Reyes, sino para quienes se dedican a otras disciplinas, como la historia.

Por ejemplo: ¿Qué pensaba y qué escribió don Alfonso acerca de Manuel Acuña? Pues bien, Castañón nos informa que lo cita en siete ocasiones, empezando en el primer tomo y por última vez en el 26. El coahuilense con mayor número de citas, 27, es el historiador saltillense Carlos Pereyra. Esto se explica porque Reyes y Pereyra coincidieron y trataron en Madrid después de que ambos se autoexiliaron de México a raíz de la revolución. Por cierto, en algunos de sus textos el regiomontano deja traslucir poca simpatía por el saltillense.

El segundo lugar entre los coahuilenses corresponde a Julio Torri, citado 25 veces. Como se sabe, don Julio y don Alfonso fueron amigos y juntos emprendieron importantes tareas editoriales. La amistad se enfrió por un mal entendido, al asegurar Reyes haber prestado a Torri una primera edición (1611) del Tesoro de la lengua española o castellana de Sebastián de Covarrubias, que no le devolvió.

Amante de los retos para cualesquiera imposibles, Castañón parece alzar la vara en cada nuevo proyecto. Al telefonearle para agradecerle el envío de Alfonso Reyes en una nuez, de inmediato informó: “Y ya estamos trabajando en un libro similar de las Obras Completas de Octavio Paz”. Ese es Adolfo.
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