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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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22 Diciembre 2009 04:00:34
Balance 2009
‘Veo desalentados y desmotivados a los jóvenes de nuestro país’

Un balance del año, por muy conservador y optimista que fuere, nos arrojaría números rojos sangrientos, en una demasía que sería insoslayablemente dramática. Sus moralejas, empero, son variopintas, siendo las principales las siguientes:

Una, la de que es inviable, por anti-mexicana, la forma de organización económica, política y social prevaleciente, impuesta por la flagrante traición de nuestros presidentes de la república del PRI y el PAN a favor de intereses creados ajenos a los de los pueblos de México.

Otra, la de que nadie –ningún providencial dios cristiano, judío o musulmán, o Estado extranjero ni ningún carismático mesías político criollo o mestizo o indígena- nos rescatará de nuestra lamentable y triste situación, excepto nosotros mismos.

Huelga describir esa lamentable situación; huelga también enumerar sus peculiaridades tan siniestras, pues es sabida y sufrida en extremo por todos en mayor o menor grado, aunque pocos sean los que tienen conciencia cabal y plena de ella y, sobre todo, de sus causales.

Más que festinar en esas características de la crisis –desempleo y pobreza crecientes, mayor desigualdad e injusticia, inseguridad, represión, militarización espectacular del país, etc.- es imperativo para tener conciencia del statu quo saber sus causales.

Así, si sabemos éstas –orígenes, motivos— sería el paso primero para iniciar la gran marcha hacia la remoción del statu quo que nos oprime y hacia la liberación. Allí se localiza la moraleja más trascendente que se desprende de éste año tan terrible para los mexicanos.

Empero, esa inconsciencia nuestra tiene atenuante justificatorio: el poder político del Estado mexicano ha logrado para fines propios y de sus patrones, las oligarquías locales y trasnacionales, someternos a un control social del que siquiera hemos tenido ni tenemos noción.

El caro leyente Pérez –quien, dícenos, abreva en éstos pergeños en el diario “El Mexicano”, de Tijuana, B. C. “gracias a mi bisnieta Hilda Pérez Rolón, quien me lee en voz alta”- parece habernos ofrecido el balance más sucinto del año que concluye.

También nos dice: “Veo desalentados y desmotivados a los jóvenes de nuestro país, que son el futuro ya aquí presente, sin incentivos ni ímpetus e inseguros e inciertos ante los obstáculos que enfrentan y una realidad sin esperanza que les estamos heredando”.

“Pero éste es un problema nuestro, creado por nuestra propia irresponsabilidad, indiferencia, ignorancia, egoísmos y cobardía, de manera que sólo nosotros tenemos que resolverlo. De que podemos, (sí) podemos, pero no queremos o no sabemos hacerlo…

“Todos, hasta los jóvenes que veo, esperan que “algo” pase que les cambie sus vidas, que les ofrezca no sólo esperanzas, sino concreciones (…) estoy seguro de que eso no va a pasar si ellos, nosotros, hasta los viejos, no hacemos lo que hay que hacer”.

“A mi edad, me preocupa que al morir no les deje problemas a mis descendientes, pero esa preocupación no se compara con la que me causa ver que muchos jóvenes y adultos con más conocimientos que yo no tienen conciencia de la situación”.

Hasta allí la misiva de don Joaquín, enviada por Internet gracias al buen oficio de su ya citada bisnieta, pero nos deja con una inquietud en su sentencia final, la de que “si ellos, nosotros, hasta los viejos, no hacemos lo que hay que hacer”.

¿Y qué es lo que hay que hacer y que, al parecer, la inmensa mayoría de los mexicanos no quiere hacer? Modificar el statu quo. Destruir ese estado de cosas que nos oprime y nos tiene viviendo esperanzados en un milagro que vendría de la nada.

Ese milagro –el cambio espontáneo del statu quo o de mejoría de nuestra apremiante situación— no ocurrirá. La nada sólo produce nada, entendida ésta con arreglo a la filosofía. Nadie vendrá a salvarnos. Sólo nosotros. El pueblo mismo.
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