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Dalia Reyes
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25 Septiembre 2018 04:00:00
Basura de tarea
Para hacer la tarea, lo más extraordinario hecho por quien esto escribe, fue enfrentar una gran aventura en el basurero, a dos calles de la casa materna. Allá, un ser humano podía encontrar fama, fortuna o desdicha. Yo tuve suerte: una tarde encontré la cabeza completa, con pelo plástico y todo, de una muñeca bebé; mamá fabricó el cuerpo con tela y tuve una compañerita entonces. La tarea no me acuerdo si la hice o no.

Mi hermano mayor, en cierta ocasión debió perseguir a una rata para llevarla a su clase de Biología; cómo alcanzarla, la alcanzó, pero el animal vivió muy bastante cómodo muchos meses en una jaula, pues él no tuvo corazón para sacarle el suyo y estudiarlo en el laboratorio. Pero no más, porque hacer la tarea consistía en ciertas actividades propias de un ser humano, mortal, terrícola y limitado en el tiempo y el espacio.

A diario me preparo sicológica, física, emocional y racionalmente –hasta donde me es posible- para la sorpresa vespertina. Cuando vuelve de la escuela mi hijo, hago un exhaustivo interrogatorio sobre todo y cualquier cosa, hasta agotar los temas. El otro día acabamos discutiendo sobre la posibilidad de que el Capitán América pudiera resolver ciertas preguntas de una prueba Planea.

Postergar el tema tabú es parte de mi trabajo como madre que valora su estabilidad emocional. Así, cuando me siento preparada, abordo la cuestión: “¿qué te encargaron de tarea?” Una tormenta eléctrica se pone sobre mi casa y, a modo de la Familia Adams, la nube se posiciona, llueve y atormenta mi existencia la tarde entera.

Con gusto iría otra vez al basurero y encontraba no la cabeza, sino la muñeca entera, pero eso dista mucho de aventurarse a conseguir listones de acetato con transparencias violeta y amarillo; hojas de aluminio grueso con acabados tornasol y 143 limpiapipas jaspeadas. Ustedes, madres del mundo, saben que pasa en la vida real.

De alguna forma, las maestras de primaria están aplicando las TIC –tecnologías- y la globalización de una manera poco asequible: el hecho de que aparezca en internet de un teclazo cualquier producto, no quiere decir que se materialice en un tris y aparezca en nuestras manos, sería algo así como meternos en el Popotito 22, la máquina tele transportadora de Odisea Burbujas.

Amiga mía, como una debe ponerle buena cara al mal tiempo, esto deberá servirnos de entrenamiento: si el hijo, en definitiva, no sale adelante con la escuela, pues no es competente para conseguir el forro reciclable hecho con estiércol de caballo Moro, nosotras ya estamos listas para instalar un mercado negro de cosas inconseguibles solicitadas en la escuela.

Así, de la desesperación pasaremos a la abundancia resolviendo vidas de madres afligidas cuya tarde la arruinaron 25 cascarones de hoy para mañana, decorados. Un consejo nada más: si les preguntan cómo consiguen lo imposible, solo respondan: “Conozco a alguien”.


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