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Eduardo Castañeda Sarabia
Eduardo Castañeda Sarabia
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Eduardo Castañeda Sarabia es originario de la Ciudad de México(1976) Periodista, devenido maestro, columnista, arreglista y compositor, empresario restaurantero y crítico cinematográfico-musical. Mitad capitalino, mitad regiomontano, escribió seis años para el diario Reforma, ofreció cátedra durante un año, y llenó estómagos por el resto de sus días en El Hijo de la Tostada, el restorán de su propiedad".

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13 Septiembre 2008 04:00:00
Bella y grandilocuente
Con el muy petulante apodo de “la película mexicana más cara de la historia”, finalmente se estrena en México "Arráncame la Vida", copia cuasi al carbón del libro homónimo de Ángeles Mastretta.

El filme retrata ese México bronco de finales de la revolución mexicana, donde los caciques, líderes charros y dinosaurios políticos comenzaron a gestarse.

El peso del filme recae en Daniel Giménez Cacho, el General Ascencio, un repugnante militar y aún más repugnante político, que a los 15 años aparta de su familia a la bella y etérea Ana Claudia Talancón, en su papel de
Catalina.

La relación entre ambos, a nivel actoral, es superior. Histriones de renombre los dos, ejercen a la perfección una relación amor-odio que todos conocemos, que todos hemos padecido o visto.

Sneider dispendió una gran cantidad de dinero en retratar y reproducir la Puebla de principios de siglo, y esa Ciudad de México que alguna vez fue la ciudad de los palacios, en los albores de la democracia.

El guión, del mismo Sneider, bajo la tutela de Mastretta, logra una bonita similitud entre 1938 y el 2008. Setenta años nos separan, pero gracias a agudezas e ingenio literario, hay muchas analogías y comparaciones con los políticos actuales, y la mujer mexicana de hoy día. “El que no tiene medio, tiene tedio”, afirmó Talancón en cierta parte del filme.

Romántica, azarosa y emocionante, la cinta recorre en dos horas lo que en décadas no había logrado captarse: la esencia de México: colores, sabores, picardías, sonidos. La parte musical es importante, cabe resaltar. En cinco minutos, una irreconocible Eugenio León se roba la película, con esa voz y carisma a la cual, finalmente, se le rinde un merecido tributo.

Si bien la cadencia del filme es lenta, Sneider logra imprimirle ritmo a su narración, para no causarle tedio al público. Habrá gente que se aburra con el filme, que no les llame la atención, pero que no le quepa duda que están viendo un producto mexicano de gran calidad, que utilizaron miles de pesos en recrear una época, y no en efectos especiales obtusos y fácilmente olvidables.

En resumen: no se olvide de ver esta película. Apoye el cine mexicano de calidad, y de paso, vea una gran translación de la literatura al cine. Una sonrisa, al menos, sí le arrancará.
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