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Voces de la Región
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Zócalo se preocupa por tener a sus lectores al tanto de la economía y cómo afecta sus finanzas, por lo que este espacio es una ventana dedicada a economistas locales para expresar sus puntos de vista sobre la economía estatal, nacional e internacional. Asimismo opinan sobre sucesos financieros e indicadores de interés general como la inflación, los precios del petróleo y la paridad peso-dólar, entre otros.

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16 Febrero 2015 05:00:55
Bendita depreciación del peso
Contrario a lo que acontecía décadas atrás, en las que una devaluación del peso ponía a temblar a los mexicanos y generalmente representaba el comienzo de una crisis que desembocaba en inflación descontrolada y endeudamiento, el que se observa hoy en día dista mucho de aquellos escenarios.

La actual debilidad del peso frente al dólar, que ha venido a crear una relativa inestabilidad en el mercado cambiario nacional, ha sido benéfica para la economía mexicana desde dos puntos de vista.

En primer lugar, la actual tendencia de depreciación ha venido a fungir como un amortiguador para mitigar la caída de la actividad económica, propiciada por la debilidad del entorno internacional y el bajo nivel de gasto público.

Como es bien conocido por muchos especialistas, una disminución del precio de la moneda nacional frente a otras divisas provoca también un abaratamiento de los productos locales. Es decir, una depreciación de la moneda impulsa mayores exportaciones al abaratar en términos relativos los productos nacionales, en relación con los extranjeros.

El segundo aspecto tiene que ver con las finanzas públicas y el efecto sobre éstas de los bajos precios del petróleo. Si bien es cierto que el presupuesto público (denominado en pesos) depende en casi una tercera parte de los ingresos petroleros, el que los precios del crudo se coticen en dólares provoca que al transformar los dólares que Pemex recibe por las exportaciones de crudo, se reciban más pesos.

Este hecho si bien no subsana del todo, si constituye un valioso instrumento que mitiga en parte la baja de ingresos públicos.

Por último, resulta importante destacar que a pesar de que las presiones cambiarias llevan ya una buena cantidad de semanas presentes en el mercado, ello no ha implicado -hasta ahora- ningún efecto en el tema de la inflación.

Como se informó la semana anterior, durante el primer mes del año la tasa anual de crecimiento de precios fue del 3.07 por ciento. Es el mejor dato de inflación desde abril del 2011, cuyo indicador registró un alza de precios de 3.04 por ciento.

La ausencia de presiones del tipo de cambio sobre el índice de precios al consumidor constituye una excelente señal para la economía, pues lejos de que la debilidad del peso esté trastocando la economía a través de un traspaso de aumento de precios, está ayudando a impulsar las exportaciones nacionales.

Desde luego, la baja inflación reportada en enero fue producto a la eliminación del cobro del servicio de larga distancia, producto de la reforma en telecomunicaciones, así como de menores presiones en los precios de los bienes agrícolas.

Pero de continuar este nivel del tipo de cambio, tarde o temprano se dejarán sentir las presiones en los precios. Será justamente en ese momento en el que el Banco de México tendrá que tomar decisiones importantes.

El dilema será si le apuesta más al crecimiento económico que al control de la inflación. Dicho en otras palabras, si privilegia los resultados de corto plazo, por encima de los de largo plazo.

Coordinador de carreras jurídico-administrativas de la Universidad La Salle Saltillo.
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