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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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04 Julio 2019 04:00:00
Biblioteca Saltillo
En 1977 un grupo de historiadores, basado en los datos contenidos en el llamado Documento del Parral, fijó en el año de 1577 la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo, a reserva de que se encontrara información más confiable que la ofrecida por el mencionado documento. Así, a partir de ese año la capital de Coahuila celebró por primera vez su cumpleaños. En los 399 anteriores no hubo ni pastel ni Mañanitas para la ciudad.

Es justo recordar que fue el entonces gobernador de Coahuila, don Óscar Flores Tapia, quien convocó a los historiadores y organizó los muy lucidos festejos del cuatricentenario.

Esta ya venerable ciudad ha dado tema a numerosos libros y ensayos, aunque, debe decirse, todavía hace falta una historia que actualice las ya publicadas nutriéndose en los archivos, modelos de organización, que ahora existen y antes eran poco menos que inaccesibles.

Los primeros apuntes sobre la hoy pujante capital de Coahuila se los debemos al sacerdote Pedro Francisco de la Fuente, quien fuera párroco de San Esteban y luego de Santiago, hoy catedral. El padre Fuentes, como se le conoce, escribió unos apuntes sobre la historia de Saltillo en 1792, considerados el primer intento de rescatar el pasado de la ciudad. Don Javier Guerra Escandón los publicó en 1976.

En su Catecismo de Coahuila (1886), Esteban L. Portillo dedica un capítulo a Saltillo, aderezado con noticias históricas y estadísticas de la época. Fue él quien siguió la ruta trazada por el padre Fuentes hacía ya 94 años.

Habría que esperar el siglo 20 para que alguien más acometiera la tarea. Don Tomás Berlanga, famoso como orador, es el autor de una Monografía Histórica de Saltillo (1922). El plausible esfuerzo de don Tomás incluye noticias transmitidas oralmente.

Los hermanos Vito y Miguel Alessio Robles también se ocuparon del tema. Don Miguel le dedicó a su población natal dos pequeños volúmenes, La Ciudad de Saltillo (1932) y Perfiles de Saltillo (1933), que conoció una segunda edición cuatro años después. En Saltillo en la historia y en la leyenda (1934), don Vito recoge estampas del pasado con un estilo ligero. El libro tuvo recientemente una segunda edición.

Sería imperdonable no consignar en este quizá incompleto esbozo de bibliografía los sabrosos Relatos e historias de Saltillo (1947) de don José García Rodríguez, primer cronista de la ciudad, poseedor de un estilo inigualable. Otra crónica, enfocada a la mitad del siglo pasado, se debe a don Óscar Flores Tapia, quien en su Herodes hace un recorrido por las calles y los personajes saltillenses.

Promovido por doña Margarita Talamás de Gutiérrez Treviño, en los años 70 del siglo anterior apareció En Saltillo, Dijeron y Dirán, compilación de textos de varios autores. El volumen resulta especialmente interesante por contener una historia de la pintura local de Mario Herrera. La Crónica del Saltillo Antiguo, de J. de Jesús Dávila Valdés apareció en 1974.

Debemos al ingeniero Pablo M. Cuéllar la Historia de la Ciudad de Saltillo (1975), la más completa de las escritas hasta ahora, que continúa siendo de obligada consulta. En 2000, el profesor Jesús Alfonso Arreola dio a la imprenta una Breve Historia de Saltillo, y en Los Ojos Ajenos (1993), quien esto escribe compiló descripciones de la ciudad hechos por viajeros.

Magnífico regalo para la cumpleañera sería que a alguien decidiera formar con estos títulos, ya inconseguibles, una Biblioteca de Saltillo. ¿Quién dijo yo?
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