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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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14 Noviembre 2020 04:02:00
Bretaña
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Hace cuatro años estaba de regreso en Francia. Desde aquella ocasión he tenido la fortuna de volver cada año. En cambio Bretaña, donde viví en el 2014 se quedó grabada en mi corazón y siempre anhelo regresar. Ahora, que los viajes aún no pueden realizarse y la vida se torna difícil, refugiarme en memorias es como un bálsamo. Aquí les comparto lo que escribí hace cuatro años durante uno de mis múltiples viajes.

En Bretaña existen varios dichos peculiares y bastantes universales. El primero de ellos habla sobre la fiereza con la que los bretones defienden sus tradiciones y región: La Francia es un país entre la Bretaña y Bélgica. Con este dicho podemos darnos cuenta del celo que tienen por sus tradiciones. No es para menos.

En Bretaña tienen las crepas por decreto; los embutidos como el saucisson, que no podríamos dejar de probar jamás; la mejor sidra que he probado en mi vida y que generalmente se elabora artesanalmente, como casi todo lo que produce la región; la tarta kouign-amann, su mantequilla insuperable o sus galletas. Esto por citar poco de lo mucho que hay.

El clima es particular: uno nunca sabe cuándo es que lloverá. Es aquí donde recuerdo otro dicho bretón: Espera a que sea de noche para decir que el clima ha sido bueno. O este: Si esperáramos a saber cómo estará el clima, jamás saldríamos del bar. Y vaya que a los bretones les encanta compartir sus momentos con una cerveza al agua de mar, o con una de las tantas otras que la región produce. Aquel que es maestro de su sed, es maestro de su salud, también dicen.

Los paisajes son verdes, de cielos plomizos y de un sol que cuando sale durante el corto verano, es oro que abriga. Los bosques, mágicos: hayas, robles cubiertos de verde perenne, troncos altos y al abrigo de un musgo que pensaría milenario como las hojas húmedas que sirven de alfombra al caminar. Un silencio mítico, que sabe a fantasía y realidad. No es por nada que la tumba de Merlín esté en uno de sus bosques: Brocelianda, lugar de eventos artúricos.

Alimenta bien tu cuerpo y tu alma y vivirás largo tiempo. La música bretona fraternal: trata historias de coraje, de marinos, del mar y de eventos de humor, aunque también de todo tipo. Uno asiste a una Fest-noz, tradicional fiesta bretona, y puede ver la alegría y hermandad con la que danzan. Tomados todos de las manos en una larga danza que recorre el lugar al compás de violín, instrumentos modernos, la bombarda, la vielle à roue o las gaitas. Una fiesta que es casi un rito ancestral, mágico.

Visitar esta región es enamorarse de un cuento y de sus raíces celtas que se manifiestan en la realidad cotidiana. Año con año reciben en Lorient a todas las demás culturas celtas del mundo en el Festival Intercéltico. Artes y cultura se unen durante una semana para festejar sus raíces.

En spotify encontramos ejemplos de la Vielle à roue que merecen ser escuchados. Y bueno, aunque aún me quedan algunas semanas de este lado del mundo, me despido con el proverbio bretón que dice: Aquel que no da placer al llegar, lo da al irse.
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