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Norma Alvarado
Norma Alvarado
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Lic. Norma V. Alvarado Martínez / [email protected] / Twitter: @NORMAVALVARADO / Facebook: Norma Alvarado. / Estudio Ciencias de la Comunicacion, es catedratica en la Universidad Autonoma del Noreste y en la Universidad Vizcaya de las Americas.

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07 Abril 2019 04:00:00
¡Brilla pirita!
La madurez se alcanza a través del realismo, y si en esta vida queremos sobrevivir habrá que ser realistas, pues es un componente inevitable. Por más feo que sea, no podemos descartar que el mundo verdadero es bastante frío, que te patea cuando estás en el suelo e intenta lo más posible de dejarte ahí. Sin embargo debemos tomar el realismo como la base en la que fundamos esta verdad: Un perro es un perro y no un árbol. Muchos dirán que a veces tomar la ruta de la realidad es bastante pesimista. Sin embargo lo que quiero decir es que el pesimismo y el optimismo son solo una interpretación personal de lo que es la verdad.

Ser pesimista es no creer en uno mismo, en los demás, y el mundo. Es pensar: “La vida es cruel y permanecerá así”. El optimismo es lo contrario. Un realista, en cambio, toma estas dos bases para producir lo que es la verdad. Una persona así puede tener la misma visión de un mundo perdido, pero no quiere decir que no crea en él. Al igual que un optimista, puede que quiera lo mejor para todos, pero a excepción de estos últimos, toma la realidad como la base de su lógica. Es decir, pone un límite a lo bueno y también a lo malo.

Esto también se desplaza a las metas de uno. Todos queremos ser especiales de alguna manera o pensamos que lo somos (hasta un cierto grado). Queremos ser el siguiente Alfonso Cuarón, el siguiente Octavio Paz o el siguiente Will Smith. Y no tiene nada de malo ser así. Tener un sueño o una meta es cosa muy difícil de obtener, porque cuando la epifanía de la madurez te golpea, no hay lugar para las niñerías. Lo que yo quiero enfocarme es en aquellas personas las cuales viven en otro mundo, aquellas en donde empiezan a caer en un cuento fantástico que ellos mismos escribieron. Este tipo de personas no aceptan la realidad, o mejor, no quieren aceptarla. Existe un miedo en aceptar que las cosas son como son, que no has hecho gran cosa o que simplemente has ido por la vida creyendo que las cosas mejorarán por sí solas porque así es en las películas, en los cuentos. En esa visión del mundo de posibilidades infinitas, no se tiene que hacer nada para ser grande porque las oportunidades te caen a los pies. En mejores palabras, es magia.

México es un país pobre, es un país corrupto, es un país en donde (con muchas explicaciones), un puente está en construcción por años. Estudiamos materias muertas que no traerán nada a la mesa. En vez de esforzarnos y caer en el realismo de la situación en la que estamos, vivimos sabiendo nada, negando lo que es, escapando del presente y del pasado hacia a un futuro que brilla pirita: Una mentira. Pero esta mentira, al igual que esa piedra, se destroza fácilmente y cuando eso sucede, lo peor ocurre.

Es por esto, que pienso que solo cuando uno llega a comprender el entorno en el que se encuentra, es cuando se llega a trascender. La vida es corta. Habrá más desdichas que felicidades. La vida, al igual que el famoso mito de Sísifo, es un eterno ciclo de subidas y bajadas, y nada más. Y hay que entender que vida, solo hay una. Por eso yo los invito a rodar aquella roca no con una lágrima, sino con una sonrisa. Estamos aquí, ¿No es así? Tenemos algo que hacer, tenemos familia, una ciudad, un futuro, utilicémosla. Seamos los héroes absurdos que muchos filósofos han discutido: Aunque sepamos de nuestro final inevitable, aprovechemos para gozarlo. El mundo capitalista en el que vivimos no es del soñador sino del despierto, es de aquel que puede manipular la realidad a su querer, y cuando me refiero a la realidad, no es la suya sino la verdad en sí. El mundo es brillante, solo es cuestión de verlo con ojos escépticos. ¡Tengan un buen día!

***En esta ocasión, mi hijo Guillermo escribió lo antes expuesto, gracias por leerlo… ¡Abrazote de oso!
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