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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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10 Enero 2019 03:57:00
Calderon no ‘afecto’ a la gente; sólo la mató
Al responder ayer a las acusaciones del presidente López Obrador sobre la “omisión” con que actuaron los tres últimos gobiernos contra el tema del robo de combustibles, el expresidente Felipe Calderón confirmó la vieja máxima sobre la importancia de verificar el tamaño de la lengua y la cola antes de hablar. Sin aportar datos que sostuvieran su defensa, Calderón afirmó que en su Gobierno se “combatió con firmeza todas las formas del crimen organizado, incluyendo el de gasolinas, sin afectar a los consumidores”. Lo que no dijo es que con esa “firmeza” no afectó a los huachicoleros y sus tomas clandestinas para robar combustibles a Pemex, que crecieron en casi 800% durante su administración.

Según datos históricos de Pemex, las tomas clandestinas que había en sus ductos en 2006, al inicio del sexenio calderonista eran 213, mientras que para el 2012, al concluir su Presidencia, el número se elevó a mil 550 puntos de robo de combustible. La misma paraestatal, a través de su área de logística, documenta que en los tres últimos años de su Gobierno, de 2009 a 2012, se perdieron 6 mil 966 millones de barriles de gasolina y diésel por combustibles robados, que según un cálculo “conservador” realizado por el portal informativo Animal Político, representaría una pérdida, a precios reales de la gasolina Magna en esos años, de 62 mil millones de pesos. ¿Eso demuestra la firmeza de la que habla el expresidente Calderón?

En lo único que tiene razón Calderón, en su respuesta, es en que las pérdidas y las fugas de combustible detectadas en su Gobierno era “más de 10 veces menores a las que hay ahora”, porque aunque sus números en materia de huachicoleo no son para presumir, el Gobierno de Peña Nieto los elevó y los superó con creces, pues las tomas clandestinas entre 2012 y 2018 crecieron a 12 mil 581, lo que significa un aumento de 262% de las mil 550 que le heredó Calderón, mientras que las pérdidas en barriles pasaron 7 mil 762, y el costo económico por fugas y robo de combustible se disparó a 92 mil millones de pesos.

La reacción de Calderón, que tiene activismo político contra el Gobierno de López Obrador, igual que Vicente Fox, es parte de la estrategia con la que el expresidente busca impulsar la creación de un partido político junto a su esposa Margarita. Sin duda Calderón busca disputarle al PAN el monopolio del discurso opositor al lopezobradorismo con el que el michoacano mantiene una confrontación abierta desde la campaña presidencial de 2006.

No es la primera vez que López Obrador alude, en su cruzada contra el robo de combustibles, iniciada en los últimos días del 2018, a la responsabilidad de sus antecesores en el crecimiento de la industria ilegal y delictiva del huachicoleo, pero ayer en su conferencia de prensa, a pregunta expresa sobre el papel que jugaron Fox, Calderón y Peña Nieto en la red de corrupción y delincuencia que permitió el incremento del saqueo del erario y los recursos de Pemex en los últimos 18 años, el Presidente fue directo: “Es difícil decir ‘yo no sabía’, las autoridades sabían. Tolerancia, vamos a decir, de todos, omisión. Lo sabían todos. Como que había una especie de ceguera, no se veía. Como que no se ve que se están robando mil pipas diarias. Era una especie de tolerancia, algo pactado pero de tiempo atrás” comentó.

Veremos hasta donde llega el duelo verbal entre López Obrador y Calderón, y sobre todo qué repercusiones tiene para el expresidente que suelta la lengua sin cuidar la cola; pero por lo pronto, en la estrategia emprendida por el Presidente para frenar el robo de combustibles con el cierre total de ductos de Pemex y el efecto colateral que tiene al provocar desabasto y escasez de gasolinas y diésel en al menos 10 estados y en el Valle de México, está claro que la oposición busca aprovechar al máximo lo caliente del tema y el impacto social, económico y político que tiene la ausencia total o parcial de combustibles en buena parte de la República.

Porque en la crisis de los ductos y de la gasolina, se formaron tres grandes bloques: de un lado el Presidente dice que, con el apoyo incondicional de la sociedad: “no responderemos a presiones”, e insiste en pedir “paciencia y calma” a la población ante las fallas en la transportación de combustible, al tiempo que insiste en que no dará marcha atrás a su cruzada contra la mafia huachicolera; mientras que organismos empresariales, gobernadores y opinión pública dicen apoyar y reconocer su decisión de combatir el robo de combustibles, pero le piden replantear y corregir las fallas en su estrategia para no afectar a los ciudadanos ni la economía. Y en el extremo están sus opositores y detractores, que acusan “ineptitud, incapacidad y una fallida estrategia” y le piden revertir su plan de combate al huachicoleo y garantizar el abasto de combustibles.
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