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Miguel Badillo
Miguel Badillo
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30 Agosto 2010 03:00:17
Calderón no deja de ser Calderón
Para nadie es un secreto que los cuatro años de gobierno de Felipe Calderón han sido un verdadero desastre y una pesadilla para los mexicanos, incluido él mismo y todo su gabinetito. Me atrevo a decir que su pésima gestión ha superado la mala administración, corrupción y torpezas de su antecesor Vicente Fox, de quienes muchos pensamos que era lo peor que le había pasado al país y que se ubicaría como el peor presidente que haya tenido esta República, pero ahora ambos mandatarios se disputan ese deshonroso lugar.

Al seguir en su línea de gobierno de no saber qué hacer, Calderón busca, ahora sí, involucrar a grupos políticos, organizaciones sociales, empresarios, líderes, Iglesia y hasta a opositores en la toma de sus decisiones para hacer frente a los múltiples problemas políticos, económicos y sociales que enfrentamos, como una forma de repartir su responsabilidad de los últimos cuatro años y prepararse para lo que viene hasta llegar a las elecciones presidenciales de 2012.

Pero aUn con los problemas enfrente, Calderón no deja de ser Calderón. El motivo es que sigue aferrado a su “guerra”, dice él, en contra del crimen organizado y su principal modalidad que es el narcotráfico. Ahora, después de hacer caso omiso a las exigencias internas y externas que le gritaron una y otra vez que era necesario combatir a la delincuencia en su financiamiento, para cortar el flujo de recursos que le permiten adquirir armas, contratar sicarios y corromper policías y funcionarios, finalmente Calderón ha respondido tardíamente con nuevas medidas mediáticas contra el lavado de dinero.

Mientras anuncia la prohibición de operaciones en efectivo por más de 100 mil pesos para la compra de bienes e inmuebles, olvida que se investiguen millones de transacciones financieras que cruzan diariamente por la banca, la bolsa, casas de cambio y otros intermediarios financieros que nadie supervisa y que es por donde ingresan miles de millones de dólares producto del tráfico de drogas, secuestros, corrupción gubernamental, trata de blancas, extorsión a migrantes, compra-venta de armas.

¿Por qué pretende sólo combatir las operaciones en efectivo, cuando son las instituciones financieras en donde se blanquea el dinero y de allí sale lavado para la compra o construcción de hoteles de lujo, residencias, empresas, cargos políticos, candidaturas presidenciales y campañas de gobernadores y munícipes?

Pues seguramente en espera de los recursos del Plan Mérida que financiarían en este último año la “guerra” de Felipe Calderón contra el narcotráfico y el crimen organizado, el Gobierno federal decidió, contradictoriamente con las nuevas medidas, recortar los recursos de las entidades especializadas en dar seguimiento al blanqueo de capitales.

Pero no sólo es un problema de recursos, sino de falta de integración en las estrategias de investigación y, sobre todo, de reciprocidad en la entrega de información dentro y fuera del país.

En 2009 también se definieron, según la SHCP, los acuerdos de intercambio de información con la UIF en la investigación de casos de lavado de dinero a cargo de la Policía Federal, a partir de las facultades de investigación conferidas a esa corporación policial. Sin embargo, los resultados son escasos.

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