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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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08 Julio 2013 03:00:23
‘Calderonismo’: cita histórica
Mi primer recuerdo del calderonismo tiene un cuarto de siglo. En una marcha en la avenida Madero de Morelia, de aquellas llenas de entusiasmo genuino, sin acarreos, ni despensas, ni militantes mercenarios. En la caravana llena de banderas blanquiazules (y sólo blanquiazules), un compañero de Pátzcuaro gritaba consignas partidistas y caminaba despacio; intempestivamente guardó silencio, detuvo el paso y me dijo con voz que destilaba devoción: “¡Mira! Es Luis Calderón”. En la puerta, asomado desde el zaguán, postrado en una silla de ruedas, vi por única vez al papá del expresidente Calderón. Algunos al reconocerlo le saludaban con una reverencia; los cercanos, supe tiempo después, le llamaban “Pildo”. Luis Calderón fue el cronista, el guardián histórico de los primeros años, “El ‘Ultimo León”, lo definió Castillo Peraza. Vivió para atesorar las hazañas de los primeros pasos del PAN. Con el calderonismo fue sinónimo de recuerdo, ética de la memoria frente a la amnesia convenenciera del priismo, remedio al olvido panista, porque un partido sin historia es bien mostrenco, horda huérfana.

La jornada electoral quedó atrás, llegó la cita con esa historia para los calderonistas. ¿Atizarán la hoguera para cobrar derrotas? ¿Volverá el debate de las sospechas? ¿Retornará el lodazal? ¿Se lanza el senador Cordero como candidato a la presidencia panista?

Si el calderonismo quiere honrar la historia firmada por Luis Calderón no puede ser frentismo, ni tropa interna ayuna de ideas dispuesta a disparar tirria por doquier. Algunos calderonistas de hoy, antes fueron entusiastas seguidores de Madero cuando alcanzó la jefatura del PAN. En democracia cambiar de caballo no es traición, aunque la mudanza obliga disculpa o argumento.

No se vale “tirar la piedra” para denunciar el divisionismo interno, pero “esconder la mano” cuando se alimenta al grupo propio. Junto a sus adversarios maderistas, todos destazan al partido en clientelas de ocasión alquiladas para el aplauso fácil y los votos internos.

Descreo de los que tienen fórmulas excluyentes para resolver la crisis del PAN. El debate es un valor democrático, nadie puede estar en contra de cotejar los distintos pareceres, ni de cancelar esa compulsa, incluso públicamente; en más de una sesión fui testigo de la manera frontal y sincera en que diferían el presidente Castillo Peraza y su secretario Calderón. No es la alineación borreguil a Madero mi propuesta, pero el principal error del calderonismo es desconocer de facto al presidente Madero y disputarle sus decisiones fuera de los cauces internos. El PAN “institucionalizó” para civilizar la política mexicana. ¿Con qué autoridad pedirán a los maderistas obedecer a un jefe calderonista? Santiago Creel no arremetió contra el CEN cuando lo removimos de la coordinación panista en el Senado.

¿Qué páginas de historia piensan dejar los calderonistas? ¿Episodios de revancha? ¿Lanzarán candidato sin llamar al diálogo interno? ¿Partido de rencores y desquite generoso?

Si el calderonismo quiere ser opción de futuro, necesita advertirse comprometido y consciente de su pasado. Sin ese deber con la historia, sembrarían en el viento (Luis Calderón. Memorias. Tomo I. Jus). No serán semilla de unidad, sino cizaña de recelo y duda.

¿Y Madero no es responsable? Me dirán. Un refrán que Felipe Calderón citaba con frecuencia tiene la respuesta: “Siéntate a la puerta de tu casa y, con el tiempo, verás pasar el cadáver de tu enemigo”. El prontismo, el arrebato, no conquistan la historia, así dejó ver el testimonio escrito del “último león” calderonista, aquel que conocí sentado en la puerta de aquella casa moreliana...
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