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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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30 Junio 2009 03:28:44
¿Campaña incómoda?
Durante la campaña que está a unos días de terminar se han escuchado numerosas voces y se han mostrado diversas voluntades orientadas a limitar, regular, contener o de plano silenciar la crítica y el ejercicio de la libertad de expresión.

Especialmente desde el PRI, gobernadores, dirigentes, legisladores, candidatos y hasta algún representante juvenil —que aunque uno no lo crea, los hay en el PRI—, secundados por plumas afines o analistas políticamente correctos, se escandalizaron y pusieron el grito en el cielo porque la campaña del PAN ha sido “dura” o —dicho con sus palabras— motivo de denigración o de guerra sucia.

En su incapacidad para procesar las críticas y establecer un diálogo abierto, el PRI no escatimó en quejas y denuncias ante el IFE, contrató consultores y lanzó anuncios para explicar que no cae en provocaciones, por aquello de que llamar a las cosas por su nombre, sin cuidado de “las formas” y sin eufemismos ni simulación, es una suerte de provocación para la cual, según ellos, la sociedad mexicana sencillamente no está preparada.

Durante décadas en México, el fracaso de una mala política pública, la corrupción, las fallas profundas del sistema político y hasta el más burdo abuso de poder se ocultaron en el silencio, en aras de un supuesto cuidado de la “gobernabilidad” y de la “paz social”, y en cumplimiento de las famosas reglas no escritas de un régimen que presumía como muestra de eficacia y experiencia su habilidad para garantizar impunidad.

Este ha sido un rasgo de los gobiernos del PRI, del de ayer y del de hoy, que para efectos prácticos es exactamente el mismo. Por eso tanto alboroto. Por eso tanto enojo y tantas quejas por la campaña del PAN. Porque para el PRI esto de vivir en democracia, en la que se dice lo que se piensa, es una incomodidad, un agravio que hay que regular.

No hay democracia sin contraste y sin una buena dosis de confrontación de ideas, propuestas y resultados de gobierno. Los ciudadanos necesitan información y elementos suficientes para decidir mejor sobre su voto y su participación en los asuntos públicos.

Es muy sencillo, la simulación confunde, oculta lo que realmente pasó y diluye el sentido verdadero de lo que un partido o un político proponen. La simulación, aunque esté envuelta en bonita retórica y se diga en foros que lleven títulos propositivos, es un obstáculo para la democracia y para el ejercicio pleno de los derechos y obligaciones de los ciudadanos.

Por tantos años de simular y recetar a la ciudadanía impecables pero huecos discursos, México atrasó su desarrollo y la gente se alejó de la política. Al parecer, el PRI quiere mantener esa distancia. En el PAN, buscamos eliminarla. La campaña de Acción Nacional se propuso contrastar ideas, expresar críticas y advertir sobre el grave riesgo de que México, en lugar de avanzar al futuro, dé vuelta en “U” hacia el pasado que, tras siete décadas en el poder, demostró con creces no ser opción para sacar al país adelante.

El PAN lleva menos de una década al frente del gobierno federal. Más allá de aciertos indiscutibles y seguramente también errores, los panistas estamos orgullosos de nuestros gobiernos. Los priístas, en cambio, aunque lo añoran, ni siquiera hablan de su pasado, y cuando nosotros lo mencionamos, nos acusan de calumnia, difamación o guerra sucia.

Rechazo que el PAN haya estado en guerra. Criticamos malos proyectos, fallas de gobiernos e indefiniciones ante los problemas que hoy enfrenta el país. No vamos a la descalificación personal. En todo caso, las peores descalificaciones que en estos meses sufrieron el PRI y sus candidatos provinieron de destacados priístas, ya sea por ajustes de cuentas, pérdidas súbitas de la lucidez o por simples disputas internas, pero lo que entre ellos se han dicho es responsabilidad de ellos mismos.

Viene la hora del voto, la hora en la que los ciudadanos expresan su decisión, a la cual el PAN se somete. Acataremos los resultados y sabremos, como siempre, pasar de la campaña a la construcción de los acuerdos que requiere México. En la democracia es tan importante saber debatir como saber coincidir. El PAN no antepone sus intereses partidarios a los de México. Tampoco cede a los chantajes de quienes amagan con paralizar la vida pública y el desarrollo nacional si no se satisfacen antes sus agendas de revancha o de privilegios.

Nuestro país requiere un Congreso capaz de acordar y decidir las mejores leyes y soluciones para el México de hoy y para construir el país del futuro. De poco serviría una Cámara de Diputados que, en lugar de asumir su responsabilidad, estuviera más ocupada en obstaculizar la labor de las instituciones y bloquear al gobierno, en aras de mitigar enojos de campaña o alentar anticipados anhelos sucesorios.

Presidente nacional del PAN
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