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Juan Latapí
Juan Latapí
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09 Diciembre 2018 03:10:00
Canibalismo
SI ALGO DISTINGUE A MONCLOVA es su canibalismo social, político y económico, y no de ahora, sino desde que se fundó este lugar. Nadie como nosotros para practicar ese extraño deporte de comer prójimo.

A CIENCIA CIERTA NO SE sabe de dónde nace ese perverso gusto. Hay quienes dicen que viene de los indígenas tlaxcaltecas que llegaron con los conquistadores y que habían sido recompensados por habérseles unido para aniquilar a sus hermanos de raza, los aztecas, en vez de luchar contra el invasor europeo. También hay quienes mencionan la traición a los Insurgentes por lo que Monclova fue recompensada con el título de ciudad por tal acción. Por ejemplos no paramos.

ESA TRADICIÓN DE ANTROPOFAGIA SOCIAL se conserva hasta nuestros días y a diario la veamos, como es el caso de los miembros de Morena que se tiran y acusan con todo entre ellos mismos, descalificándose y excluyéndose, al grado que sus peores enemigos son ellos mismos.

De por sí la izquierda en general nunca se ha distinguido por su capacidad unificadora y por sumar esfuerzos, sin embargo es lamentable ver cómo a nivel local no han podido siquiera seguir el ejemplo de su guía AMLO al incluir en su equipo a políticos de todos los colores –para bien o para mal-, haciendo a un lado las posturas elitistas y trasnochadas.

Y NO SOLO EN ESE partido disfrutan degustar prójimo, los otros partidos políticos tampoco curten mal las baquetas. Lo acabamos de ver en la pasada administración municipal en la que el principal detractor del alcalde panista fue otro panista que –con razón o sin razón- se lo quería comer vivo denostándolo. También en el otrora poderoso partido de los dinosaurios las divisiones y acusaciones han estado al orden del día, descalificándose y endilgándose unos a otros la debacle en la cual se encuentran atrapados.

Y TAMBIÉN EN EL ÁMBITO laboral el canibalismo brilla con todo su esplendor. Basta ver cómo en el sindicato minero los napistas van tras los “demócratas”, con ánimos revanchistas y disputándose el poder sin darse cuenta que esa división afecta únicamente al grueso de los trabajadores, revolviendo el río para ganancia de unos cuantos pescadores; ya olvidaron que la unión hace la fuerza. Así mismo, esta semana, los juniors locales de la CTM –que nunca han sido obreros- salieron a descalificarse en una lucha intergremial, comiéndose unos a otros.

TAMBIÉN ESTA SEMANA VIMOS OTRA muestra de canibalismo entre los hoteleros locales –independientemente de quien tenga la razón- en el que sus problemas internos los están litigando a través de los medios de comunicación, sacándose sus trapitos al sol.

ESE CANIBALISMO TAMPOCO HA PERDONADO a los historiadores y cronistas locales. De por sí la historia local no es abundante y en lugar de investigar y difundirla prefieren –con honrosas excepciones- descalificarse los unos a los otros mientras atesoran documentos como si se tratara de estampitas coleccionables. De la misma manera en el ámbito cultural las descalificaciones, celos y envidias están al orden del día en vez de sumar esfuerzos incluyentes para mejorar el pobre nivel cultural que padecemos.

Y EN LOS NEGOCIOS NUESTRO canibalismo también es un caso. Por ejemplo, en el trabajo es práctica común ver cuando un compañero obtiene algún ascenso, la envidia y los rumores surgen para descalificar el mérito, acusándole de lambiscón, torpe e inmerecido para ocupar el nuevo cargo. Y peor tantito si se trata de una mujer, porque la envidia se transforma en burda calumnia tachándola de las peores prácticas.

ESA ACTITUD CANÍBAL ES LA que ha ocasionado que nuestros principales enemigos seamos nosotros mismos, más preocupados en buscar culpables en vez de encontrar soluciones, destruyendo en vez de construir, donde lo visceral domina la razón, dando pena ajena. La solidaridad que debería predominar ha pasado a un segundo plano y solo aparece cuando nos enfrentamos a alguna tragedia; así no se vale.

EXISTE EN ALEMÁN UNA PALABRA que nos describe: “schadenfreude”, que significa “alegría por el mal ajeno”. Por eso hay quienes proponen que al escudo de Monclova se le debería añadir la frase en latín “Comedere Invicem”, que se traduce “Comeos los unos a los otros”.
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