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Guillermo Herrera Márquez
Guillermo Herrera Márquez
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10 Agosto 2013 03:00:36
Capacitación ‘nylon’
Los mexicanos vivimos a una prisa desmesurada por hacer las cosas que poco o nada nos preocupamos y ocupamos por la capacitación, preferimos el resultado mediato que tomarnos el tiempo para analizar y diseñar una estrategia que nos permita no repetir los problemas vividos con anterioridad.

Incluso los latinos somos una raza que prefiere aprender haciendo, se nos dificulta leer diagramas e instructivos y cuando compramos un producto electrónico preferimos aprender picando cuanto botón vemos que sentarnos y con tranquilidad leer el instructivo, estamos acostumbrados a aprender bajo la marcha.

Hoy en día nuestra economía es la segunda en Latinoamérica con tratados comerciales –solamente superados por Brasil-, lo que ha significado que hemos debido aprender nuevos esquemas de trabajo para poder competir con nuestros socios comerciales.

El experto en el tema Mayauel Serrano asegura que nuestro país tiene un atraso en la materia de 20 años con respecto a naciones como Estados Unidos y España.

Todavía en la década de los 70’s cuando gobernaba Jose Guillermo Abel Lopez Portillo nuestra economía era cerrada, por lo que los empresarios diseñaban sus propios programas de inducción y capacitación en las empresas, aunque solamente se ocupaban diseños muy precarios a diferencia de otros países donde ya se tenían establecidos programas de capacitación profesionalizados.

La productividad ha obligado a las empresas establecer programas específicos de capacitación ya que se manejan conceptos como calidad, cero defectos, menores costos y mayor rentabilidad sin embargo tanta necesidad de utilidad ha obligado circunstancialmente a reducir tiempos en la curva del aprendizaje, aunque a la larga se terminan pagando costos más altos por el aprendizaje de los empleados.

Más allá de la frialdad de los números vale la pena analizar por qué los mexicanos no somos adeptos a brindar o recibir capacitación de manera sistemática, por lo que de acuerdo a la experiencia personal como contratante de personal y como personal empleado puedo establecer algunas propuestas.

Los mexicanos tenemos una concepción rudimentaria del tiempo y recibir o brindar capacitación la vemos como una pérdida de tiempo, un espacio dentro de la agenda que nos va a quitar productividad para lograr metas específicas que vivimos en el día a día, por ello cuando acudimos estamos pensando en lo que dejamos de hacer, más allá de la implementación que tendrá lo que estamos recibiendo.

La segunda es los costos, la capacitación se ve como un gasto y no como una inversión, dentro de nuestro innegable espíritu guadalupano sentimos culpabilidad de dejar la línea de producción o la oficina para capacitarnos por lo que consideramos como perdida lo pagado por la capacitación y lo peor lo que estamos dejando de ganar por no estar en la parte operativa.

Otro concepto es la resistencia psicológica que tenemos por el cambio, a los mexicanos nos cuesta mucho el atrevernos a hacer cosas nuevas, les cerramos la puerta incluso a escucharlas y considerarlas mentalmente, para muestra un botón: nos llevó más de 70 años brindarle una oportunidad a un partido de gobernar el país que no fuera el PRI. Vale la pena observar las cifras de compras que tenemos para comprar en línea y compararlo con otras naciones para ver que nos gusta hacer las cosas a la vieja usanza.

Muchos de los cursos que ofrecen las empresas en materia de capacitación hoy en día ya son en línea sin embargo somos una cultura que ya de por si batalla para aprender nuevas cosas, mucho más si no es cara a cara, como lo solicitan los estudiantes y aprendices del siglo pasado.

Es necesario que empresarios y empleados consideremos la capacitación como una oportunidad para desarrollarnos, de ser más productivos; consideremos que ya hubo personas que se tomaron la molestia de diseñar programas para hacernos la vida más sencilla, dejemos de complicarnos la vida y salgamos de nuestra zona de confort. Hagamos capacitación, dejemos de ahorrarnos centavos porque se nos están fugando pesos.
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