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Juan Latapí
Juan Latapí
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17 Febrero 2019 03:10:00
Carbón Rojo
COMO TODOS LOS AÑOS EL próximo martes 19 la familia Pasta de Conchos se reunirá en el antimonumento de la CDMX para protestar por la injusticia en la que perdieron la vida 65 mineros en 2006 y que la empresa se ha negado a recuperar los restos mortales de 63 de ellos.

DESAFORTUNADAMENTE, LA TRAGEDIA DE HACE 13 años, que enlutó a 65 familias de la Región Carbonífera, ha servido para que diferentes actores políticos la utilicen para llevar agua a su molino, como son los actuales líderes mineros.

EN EL INFORME “EL CARBÓN Rojo de Coahuila: Aquí se acabó el silencio”, elaborado por Cristina Auerbach, se menciona que cuando en 1969 murieron 153 mineros en la Mina 2 de Minera Guadalupe, en Barroterán, el entonces secretario general del Sindicato Minero, el senador Napoleón Gómez Sada, no vino los días posteriores al siniestro; lo hizo años después, a lo que llaman aniversarios luctuosos, para placearse.

AL MORIR GÓMEZ SADA, SU hijo Napoleón Gómez Urrutia heredó el cargo, quien antes había sido director de la compañía Minera Autlán, entonces paraestatal, con la encomienda de preparar su privatización. No era trabajador minero, ni miembro activo de la Sección 120 de Durango, en la que su padre lo registró en abril de 1995, aún así, desde mayo de 2002, es el Secretario General.

CUATRO AÑOS DESPUÉS, EXPLOTÓ PASTA de Conchos, empresa de Grupo México. En ese momento laboraban 487 trabajadores en la mina, de los cuales 45 eran empleados de confianza; 282 trabajadores sindicalizados y 160 trabajadores de la contratista General de Hulla. De los trabajadores que quedaron atrapados en Pasta de Conchos, 4 eran de confianza; 25, sindicalizados y 36, trabajadores de la contratista.

LOS TRABAJADORES —MENCIONA EL INFORME-, pagaban semanalmente cuotas al Sindicato por diversos motivos: 1.5 por ciento de cuota sindical; cuotas extraordinarias; fondo de resistencia; etcétera. En tiempos ordinarios pagaban cuotas sindicales hasta de 72.90 pesos semanales, que eran equivalentes a casi un día de trabajo. Esto significaba que solo de Pasta de Conchos, el sindicato recibía ingresos de hasta 20,557 pesos semanales. Se estima que en 2006 en la Región Carbonífera había 4 mil trabajadores, significa que Napoleón Gómez Urrutia y su sindicato habrían recibido esta 280 mil pesos semanales.

CADA AÑO, EL SINDICATO EMPLAZABA a huelga a Grupo México por violaciones graves a la seguridad que ponían en riesgo la vida de los trabajadores. Pero esas huelgas nunca estallaban, solo permanecía la inseguridad ya que los emplazamientos se desistían mediante convenios. Esta práctica de negociar el desistimiento del emplazamiento sin mejorar las condiciones de seguridad era una práctica recurrente. Esto lo confesó inadvertidamente el propio sindicato al afirmar que “con ese motivo, emplazamos cuatro veces a huelga para que corrigiesen dichas condiciones de inseguridad, pero nunca ni las autoridades, ni Grupo México actuaron para reparar las fallas denunciadas”. Es decir –según el Informe-, reconocieron la existencia de esos emplazamientos; que nunca se repararon las fallas de seguridad y que el sindicato minero no estalló las huelgas emplazadas, ni organizó o asesoró a sus agremiados para ejercer el derecho humano a negarse a trabajar en esas condiciones peligrosas.

LO QUE DE FACTO CONFESÓ el vocero del Sindicato Minero fue la corresponsabilidad del sindicato en el daño a la salud, a la vida y a la integridad física de todos los trabajadores que laboraron en Pasta de Conchos desde que empezaron a vender los emplazamientos a huelga. Por ende, son responsables por la muerte de los 65 mineros de Pasta de Conchos.

EL 19 DE ENERO DE 2006, exactamente un mes antes de que ocurriera el siniestro de Pasta de Conchos, el Sindicato –representado por Napoleón Gómez Urrutia- renovó con Industrial Minera México, de Grupo México, una forma moderna de “contrato de protección patronal” llamado “convenio”, por 12 meses, que le redituaba al Sindicato ingresos aproximados por 67,200 pesos mensuales, a pesar de que sabía perfectamente por las Actas de Inspección, Comprobación y los recorridos de la Comisión Mixta de Seguridad e Higiene, que la mina no estaba en condiciones de operar y la vida de los trabajadores estaba en grave peligro, cuando menos desde el año 2000, pero para ellos este riesgo no era un conflicto sino un negocio.
POR ELLO, AL CARBÓN QUE se extrae de las minas en las que los empresarios no invierten en seguridad, se le llama Carbón Rojo, ese mismo que ha manchado las manos de muchos.
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