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Gerardo Hernández
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08 Enero 2020 04:06:00
Carrera sucesoria
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Nieto de Luis Horacio Salinas, exalcalde de Saltillo y exlíder del PRI en el estado, Manolo Jiménez, un millennial de 35 años, hizo sus pinitos en el Gobierno de Humberto Moreira como representante de la colonia Brisas Poniente, donde no reside. Su ascenso político ha sido meteórico: regidor, presidente del comité municipal priista y diputado con Rubén Moreira, pero a quien debe su doble candidatura a la alcaldía es a Miguel Riquelme. El lagunero lo ha puesto también en la carrera sucesoria de 2023.

Jorge Zermeño (70 años) pertenece a la generación baby boomer. Su ingreso al PAN coincidió con el movimiento del 68, cuyas demandas por «un cambio democrático en el país, mayores libertades políticas y civiles, menor desigualdad y la renuncia del Gobierno del PRI, que consideraban autoritario» (Wikipedia) se respondieron a balazos. Zermeño fue testigo de la represión del 2 de octubre contra los estudiantes. Dos décadas después, él mismo la padecería en Torreón durante las elecciones de 1987 cuando trató de impedir el relleno de urnas antes de la apertura de casillas. El operador del PRI era Mario Cepeda.

Zermeño, quien formaba parte de la planilla del candidato a alcalde Rubén Díaz Flores, fue detenido junto con Jorge Gidi por «perturbar el orden». El encierro en una celda de la PGR duró dos días. En esa época era impensable una alianza entre el PRI y el PAN, pero no ahora; incluso ya la ha planteado el presidente de Acción Nacional, Marko Cortés, quien acompañó a Zermeño en su informe, igual que en su primera toma de posesión (1996) lo hizo Felipe Calderón, entonces líder del PAN.

Zermeño es el principal activo de Acción Nacional en el estado, después de habérsele dado por muerto cuando Calderón lo propuso para embajador en España en premio por sus servicios. El lagunero -nacido en Ciudad de México- se las ingenió para que el Presidente tomara posesión el 1 de septiembre de 2006 en una ceremonia de cinco minutos. El PRD había ocupado la tribuna para impedirle a Calderón cruzarse la banda, en protesta por el supuesto fraude contra Andrés Manuel López Obrador. El panista ha sido diputado federal dos veces, senador y Alcalde de Torreón en tres ocasiones con gobernadores del PRI (Rogelio Montemayor y Miguel Ángel Riquelme).

En 2005, Zermeño compitió con Humberto Moreira por la gubernatura. El priista obtuvo 55.8% de los votos. Acción Nacional impugnó el resultado ante el Tribunal Federal Electoral (Trife) por irregularidades en más de 30% de las casillas y una campaña difamatoria contra su candidato en la televisora RCG. El Trife validó el triunfo de Moreira, cuya herencia resultó financiera y políticamente funesta: endeudó al estado por 36 mil millones de pesos y dejó de sucesor a su hermano Rubén.

Del otro lado del arco político está Manolo Jiménez, cuya asistencia al informe de Zermeño debió haber sido consultada con el gobernador Riquelme, quien envió como su representante a José María Fraustro, secretario de Gobierno, otra de sus cartas para la sucesión. Jiménez tiene carisma, comunica bien y hasta ahora ha resultado buen alcalde. Para llegar en condiciones al 23, necesita jugar sus fichas con inteligencia, no sobreexponerse ni dejarse envolver por el canto de las sirenas. Ir a Torreón fue un buen movimiento, pues La Laguna, siempre recelosa de Saltillo, es clave para cualquier proyecto político.

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