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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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09 Mayo 2019 03:37:00
Casas a 20 pesos
El Centro Histórico de Saltillo –bueno, así le dicen– es un espacio plagado de antiguas casas habitación que no se han desplomado solo gracias a la sabiduría constructiva de nuestros mayores. Algunas, no falta quien le lleve a uno la contraria, ya se cayeron y son hoy informe montón de tierra. No pocos propietarios de estas fincas optaron por tapiar puertas y ventanas, a fin de evitar la entrada de intrusos. Protegidas o no, estas casas dan tan triste aspecto como las otras, las abandonadas.

Y ni siquiera se trata de vestigios de edificios prestigiosos, de ruinas capaces de inspirar a poetas como Rodrigo Caro: “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora/campos de soledad, mustio collado,/fueron un tiempo Itálica famosa”. No, nuestras ruinas son ruinitas modestas, carentes de poesía, subproducto del abandono, de la muerte de los dueños o de la emigración de las familias a las colonias del norte o del sur. A ellas, quizá, podrían cantar nuestros citaredos municipales: “Estas ruinas que ves, oh Fabio, fueron alguna vez el hogar de mi tía doña Chonita, hermana soltera de mi abuela, quien entregó el alma al Señor hace 30 o 40 años”.

En muchos casos, el abandono se debe a que los abuelos o bisabuelos no se tomaron la molestia de redactar su testamento y lo heredado a sus descendientes quedó en ese limbo que los abogados llaman intestado. ¿Y cómo dividir una propiedad dos generaciones después, cuando el número de personas –nietos y bisnietos– con presuntos derechos a los bienes se cuentan por docenas? Además, ¿quién quiere comprar un lío judicial que posiblemente devenga en demandas y contrademandas?

Así, debido a que los señores y señoras de antes no hacían testamento, las viejas casas se entregan resignadamente al tiempo, la lluvia, la polilla y el viento, para dejarlos hacer lo que mejor saben hacer: deteriorarlas hasta destruirlas. De esa manera, el Centro Histórico, en lugar de hablar orgullosamente de nuestro pasado, se ha vuelto una exhibición impúdica de incuria y dejadez.

El problema, según se lee en los periódicos, no es privativo de Saltillo. En Italia, un buen número de pueblos se está cayendo a pedazos, por lo cual las autoridades decidieron tomar medidas drásticas: vender las casas abandonadas a un euro, alrededor de 20 pesos mexicanos. Quien las adquiera se obliga a hacerles las reparaciones necesarias hasta volverlas habitables.

“‘Case a 1 euro’ –informa El Financiero (4-20-2019)– es un programa del Gobierno con el que se busca rescatar, además de hogares abandonados, faros, torres, estaciones de tren y otros edificios en desuso para mejorar la imagen de las ciudades”. Si usted está interesado en adquirir una casa histórica en el centro de Mussomeli, por ejemplo, entre a la página 1eurohouses.com y escoja la que más le guste.

¿Una idea loca? Es posible, pero algo parecido debe hacerse aquí si no queremos legar a nuestros descendientes un montón de escombros o, en el mejor de los casos, manzanas completas de improvisados estacionamientos, en lugar de Centro Histórico.

Ser propietario en un pueblo o una ciudad conlleva la obligación de pagar impuestos prediales, pero debería haber también otras obligaciones de carácter estético respecto al entorno.

En una medida digna de aplauso, el Ayuntamiento de Saltillo obligará a los dueños de lotes baldíos a mantenerlos limpios. No es fácil, pero ¿por qué no incluir las casas abandonadas en los planes para mejorar el aspecto de la ciudad?






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