×
Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
ver +

" Comentar Imprimir
26 Septiembre 2019 04:06:00
Censura
Es aberrante, con inconfundible tufo a censura, la decisión del Congreso de Nuevo León que declaró a personas non gratas al exdirector del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), Pedro Salmerón Sanginés, y al diputado del Partido del Trabajo Gerardo Fernández Noroña.

En apoyo a la medida, el diputado Luis Susarrey declaró: “Este tipo de ciudadanos no son gratos ni en la ciudad ni en todo México”, agregando que “las palabras del exfuncionario (Salmerón) nos ofendieron a todos los nuevoleoneses”.

Los señores legisladores, motivados por un plausible interés de exaltar la figura histórica de uno de sus más admirados coterráneos, don Eugenio Garza Sada, ícono de la industria regiomontana, sin pensarlo ni proponérselo instituyeron una suerte de censura estatal.

Al hacerlo, demolieron de un plumazo uno de los pilares fundamentales de toda democracia: el derecho a la libertad de expresión. Y la censura, bien se sabe, es una de las armas predilectas de los gobiernos autoritarios y de las dictaduras. ¿Cuál sería entonces el siguiente paso? ¿Instituir un gulag a la mexicana y recluir allá a los disidentes para “reeducarlos”? Nada nuevo, Stalin lo inventó hace mucho.

De acuerdo con el diputado Susarrey, todos -subrayo todos- los habitantes de Nuevo León piensan igual que él y todos se sienten ofendidos por las declaraciones de Salmerón y Fernández Noroña. ¿No es llevar demasiado lejos el regionalismo? De ser así, el Congreso podría declarar cualquiera de estos días intocables por la crítica a quienes los legisladores consideren prohombres nuevoleoneses. ¿Quién se atreverá ahora a decir que don Alfonso Reyes era un poeta mediocre, si puede hacerse merecedor a una especie de muerte civil decretada por el Congreso?

Susarrey y demás ocupantes de curules que apoyaron la iniciativa de declarar non gratos a Salmerón y a Fernández Noroña olvidaron o desconocen la célebre frase erróneamente atribuida a Voltaire, la cual sintetiza el respeto irrestricto a la libertad de expresión: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero daría hasta la vida por el derecho que tienes de decirlo”. Con su medida de corte inquisitorial, niegan a cualquiera el derecho de sostener opiniones contrarias a las que ellos consideran las correctas o aceptables.

Aclaremos: si un particular considera erróneas o mal intencionadas las expresiones de alguien, no pasa nada, pero si lo hace uno de los tres poderes del Estado -como se supone es el Legislativo de Nuevo León-, el asunto adquiere una dimensión diferente. Es tanto como oficializar una censura gubernamental, aunque disfrazada. ¡Cuidado!   

La intención no es, por supuesto, defender al historiador Salmerón Sanginés y al diputado Fernández Noroña, quienes aplicaron el calificativo de “valientes” a los miembros de la Liga 23 de Septiembre que perpetraron el condenable asesinato de don Eugenio Garza Sada. Condenable, no solo por tratarse de un destacado industrial y filántropo, sino de un ser humano.

El uso del malhadado adjetivo puede interpretarse -y lo ha hecho un gran número de personas- como una apología de la violencia, lo cual, en el complicado entorno nacional asediado por la inseguridad, resulta inaceptable y, si se quiere, hasta peligroso. Sin embargo, estar en desacuerdo no conlleva satanizar y prácticamente vetar a quienes piensan diferente a nosotros.     

Nadie está obligado a pensar igual que uno y menos válida es la intención de intentar unificar la interpretación del pasado.
Imprimir
COMENTARIOS


6

  • 8 9
  • 7
1
3 4
5 6 7 8 9 60 61 62 63 64 65