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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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13 Noviembre 2019 04:05:00
Centralismo exacerbado
Andrés Manuel López Obrador debe su éxito mediático a su perseverancia, intuición y capacidad para atraer o desviar la atención. Sin poder económico, demonizado por el gran capital, boicoteado por sectores de la prensa y estigmatizado por algunos intelectuales, el líder de izquierda pudo, desde la oposición, construir y adaptar un discurso que le permitió ganar la Presidencia, en su tercer intento, a un PRIAN desprestigiado por la vanalidad, arrogancia e impericia de sus gobiernos. Hoy, desde el montículo de Palacio Nacional, AMLO lanza curvas y “sliders” para mantener la cuenta a su favor, pero el brazo se le empieza a cansar en la primera entrada.

En cuestión de protestas, bloqueos y manifestaciones, AMLO marcó la pauta. Afrontar a gobiernos autoritarios, débiles o ilegítimos y a políticos distraídos, frívolos o pusilánimes le dio ventaja. La mayoría de los mexicanos identificaba en ellos el origen de sus males: corrupción, violencia, impunidad, pobreza. AMLO capitalizó el enfado social y se erigió en el líder antisistema por antonomasia. El respaldo de las urnas lo utiliza hoy para imponer su voluntad al país y a los poderes Legislativo y Judicial.

Los alcaldes del PAN, el PRD y el PRI –socios de Peña Nieto en el Pacto por México– que acuden a la Presidencia y al Congreso para exigir fondos federales usan la táctica del AMLO opositor: presionan, atraen reflectores y se saltan las formas por una causa “justa”. ¿Quién no quiere para sus ciudades mayor seguridad, bienestar y mejores servicios? El 22 de octubre, los alcaldes no solicitaron audiencia ni acudieron a otras instancias para plantear sus demandas, como el Congreso, los gobiernos locales y la Secretaría de Gobernación. ¿Para qué si AMLO todo lo controla?

La 4T cayó en el juego de los alcaldes al rociarlos con gas lacrimógeno, y López Obrador, al justificar la acción, exhibió una vez más su talante absolutista. Como quiera que sea, eficientes o incompetentes, los presidentes municipales son autoridades legítimas y representan a comunidades donde Morena también tiene seguidores y votantes. Los alcaldes, como los gobernadores y los organismos autónomos, viven hoy la otra cara de la moneda. Del reparto sin control de recursos federales en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, se ha vuelto al centralismo exacerbado.

Sin embargo, la población no ha sido culpable del desorden financiero y la rapiña en las alcaldías y los gobiernos estatales, sino víctima. La política de la 4T tomada del peñismo, de no investigar ni castigar siquiera atracos evidentes, como megadeuda y las empresas fantasma en Coahuila, y múltiples casos de enriquecimiento ilícito –hoy mismo se construyen fortunas bajo el blindaje de la impunidad– causa desencanto e indignación en un país históricamente agraviado y engañado por sus autoridades.

Los electores castigan con su voto a los gobiernos rapaces y a sus partidos; de lo contrario, AMLO no sería hoy Presidente ni habría alternancia en la mayoría de los estados y municipios. Empero, la movilización ciudadana debe ir más allá de las urnas y expresarse en las calles cuantas veces sea necesario como hoy mismo ocurre en otros países; solo así podrán lograrse cambios inaplazables. La protesta de los alcaldes en Palacio Nacional envía un mensaje irrefutable al Presidente: no puede gobernar solo ni de espaldas a la sociedad. La competencia es desigual, pero de otras de su tipo han surgido nuevos liderazgos.
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