0 1 2 3
×
4
Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
ver +

" Comentar Imprimir
17 Julio 2011 02:59:59
Charrería soliloquio de un toro viejo
Escuchar Nota
Soy un toro desvacado que vivo solo, apartado, de una cañada en el fondo amogotado en el hondo de escondida encrucijada; ya no significo nada, me aparto de los rediles, se han tornado mis abriles en muy riguroso invierno, ya no mujo, ya no cuerno, ya se me agotó el coraje; medroso voy al aguaje, poco bebo, menos como, ya no me echo arcilla al lomo rascándola de la tierra, bramando, pidiendo guerra y rabiando de fatiga, untándome boñiga todita la palomilla, ya no vale ni cuartilla aquel que fuera ejemplar aquí u otro lugar.

Varias plazas cubrí, a mis jinetes tumbé, a la capa acometí y con la pica topé; caras reatas reventé, de las trancas me burlé, al que se opuso abatí, los lienzos no respeté y a donde fui muy buena fama senté.

La vaca que galanteara para ponerla en calor no hubo otro toro mejor que disputármela osara. Por tener grueso morrillo y mis cuernos tan puntales, los vacunos sementales me declararon caudillo.

Mis amos me presumían, los vaqueros, me temían; quienes mi fama admiraron, en corridos la cantaron; nadie me miraba mal, pasé por buen semental, produje apreciables crías y el que pasara sus días tan arrogante y ladino de pelo brillante y fino tan altivo, infatigable, esgrimiendo siempre el sable con destreza y con valor, como el mejor gladiador, se espanta si ladra un perro, me reta cualquier becerro y este reto lo rehúyo; ya se me acabó el orgullo, perdí aquella vanidad que nunca fue necedad.

Sin de fuerza hacer alarde cuando allá, de tarde en tarde, siento que el cuerpo me pide poner una vaca en gesta, la requiero y me detesta y con desdén me despide, sintiéndose hasta molesta.

Cuando apartan las vaquillas blancas, pintas, aguilillas, propias para el apareo tan robustas y coquetas, melancólico las veo y me relamo las jetas, en ellas mis ojos fijo admitiendo en mis adentros que las fecunden mis hijos mientras que crecen mis nietos.

Tiempo es inexorable, no hay vigor perdurable; mis astas se resecaron, mis pitones se astillaron, aunque en rico pasto agosto, cada día estoy más angosto, inútil, menos pesado, ya me siento muy cansado.

Ahora en tiempo de fríos, recorriendo los vaqueros todos los criaderos, a unos compañeros cortaron de sus vacadas y arreando de sus majadas condujeron al corral. “Ahí”, dijo el caporal que por tanto haber vivido no cumplían su cometido, “procedamos a castrarlos, a la engorda incorporarlos y antes de los fríos de enero, mandarlos al matadero”.

Si con ellos me cotejo, de su edad o más viejo, de escapar no encuentro medio, si no el remedio que correr la misma suerte: castración, engorda y muerte.

Hasta la próxima
Imprimir
COMENTARIOS


2

  • 3
4
6 7
8 9 0 1 2 3 4 5 20 21 22