×
Autor Invitado
Autor Invitado
ver +

" Comentar Imprimir
07 Julio 2019 04:05:00
Chicuarotes: el espejo de la realidad
Gerardo Blanco.- La semana pasada se estrenó en los cines la película Chicuarotes, dirigida por Gael García Bernal. La historia se desarrolla en San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, en la Ciudad de México; una comunidad que si bien no se encuentra en un alto grado de marginación al igual que muchas localidades del país no ofrece las condiciones mínimas para que la juventud alcance el bienestar económico más elemental.

Este es el caso de los protagonistas “El Cagalera” y “El Moloteco”, dos adolescentes que buscan tener ingresos económicos personificando a unos pequeños payasos en el transporte público. Ante la apatía e indiferencia de las personas, el hartazgo y la desesperación son su principal impulso para sortear los obstáculos que les permita cambiar su realidad, teniendo como desagradable consecuencia su inevitable inclusión en el mundo de la delincuencia. Así, encuentran en el secuestro la única alternativa para obtener unos cuantos pesos, no sin antes, incluso, considerar la posibilidad de hacerse de un cargo público por medio de la compra de plazas.

El punto álgido de la película, desde el punto de vista de quien esto escribe, es el momento en que los pobladores de esa comunidad, ante la evidente ineficiencia de las autoridades de procuración de justicia, deciden reunirse en la plaza central con el fin de descubrir quiénes son los culpables del secuestro para proceder a lincharlos.

Nada ajenos a nuestra realidad, los linchamientos representan el acto de barbarie, crueldad y salvajismo que mejor refleja la descomposición y la podredumbre del tejido social que permea en este país. Como bien expone L.M. Oliveira en su ensayo La Democracia en la Oscuridad (Desconfianza. El Naufragio de la Democracia en México. Lince. 2018), aludiendo a la propuesta de Elisa Godínez para entender el fenómeno de los linchamientos, cita ideas como esta: “Los linchamientos en México suceden porque los Gobiernos no atienden la emergencia cuando está sucediendo y por el hartazgo ante la impunidad y la falta de justicia en un contexto de permanente inseguridad y altos niveles de criminalidad”. Agrega que: “existe evidencia verificable de que, en las semanas y meses previos a un acto de linchamiento, en la localidad en cuestión se denunciaron con insistencia delitos que las autoridades locales, estatales y federales no atendieron”.

El rodaje, sin dejar de lado pinceladas humorísticas, nos invita a reflexionar sobre cómo los adolescentes, al crecer en un entorno desprovisto de atención y cariño, enfrentan el peso del futuro en condiciones adversas; además, en una línea secundaria, la cinta arroja una mirada en torno a la falta de eficacia y eficiencia de los cuerpos policiales, así como al alto índice de impunidad que impera en las instituciones, lo que orilla a ciertos sectores poblacionales a tomar justicia en propia mano, mediante la imposición de sanciones que no se apegan a la ley, sino que se adscriben, principalmente, a la violencia. Al mismo tiempo aborda aspectos como la tolerancia ante las preferencias sexuales, los males del patriarcado íntimamente arraigado a las entrañas más profundas de la sociedad, la violencia que permea en el seno familiar, entre otros fenómenos que descomponen la convivencia social.

Ese desolador panorama que se presenta frente a los protagonistas de la historia, se presenta frente a miles de personas en nuestra realidad, producto de otras enfermedades como la corrupción, la impunidad, la injusticia y la violencia que terminan por deteriorar y colapsar la moral de los miembros de una sociedad.

Consecuencia de lo anterior, la sociedad se encamina cada vez más hacia un individualismo férreo, sus intereses se orientan al beneficio personal y no al colectivo, lo que termina, tarde o temprano, por disuadir el pacto social, la responsabilidad hacia los otros se desvanece e impera un ambiente desolador que oscurece en el horizonte un futuro medianamente promisorio.

Chicuarotes es un espejo de la cruda realidad. Una realidad que no el paso de los sexenios, de las siglas y de los gobiernos, no cambia para muchas personas en este país.
Imprimir
COMENTARIOS


6

  • 8 9
  • 7
1
3 4
5 6 7 8 9 60 61 62 63 64 65